“Anticlericalismo anacrónico” y la renovación de una suscripción
Una crítica a la manera como este diario cubrió las manifestaciones contra la llamada “ideología de género”, que puso a dudar a un suscriptor de renovar por año y medio más.
Cuando me presentaron el cheque para renovar la suscripción por año y medio a El Espectador, les digo con sinceridad, lo he dudado mucho y preferí dejar tres días para hacerlo.
El motivo es la manera como ustedes de manera sistemática, a través de sus columnistas, tratan el tema religioso, lo cual se evidencio una vez más en la última controversia sobre las cartillas con las que querían imponer a los niños en los centros educativos, una clara orientación a la así llamada “ideología de género”.
Lejos de abordar el tema con una altura científica y humanista, todo se desbordó recriminando a la multitud de más de 100.000 personas, adultas en casi su totalidad, que se manifestó espontáneamente, no convocada por el expresidente Uribe, ni por la Iglesia Católica, sino como un gesto de “indignación” ante el despropósito que se le quería imponer. No se puede calificar a tanta gente, padres y madres de familia, con los términos de ignorantes, manipulados, desconocedores de lo que se trataba. Eso no es serio ni está a la altura de un periódico liberal sí, pero no laicista anticlerical del Siglo XIX, hoy totalmente superado y anacrónico.
Es evidente que cuando faltan argumentos serios, germina el sectarismo y aparece la descalificación del otro con términos de “retrógrados”, “cavernícolas”, “católicos oscurantistas”, “fundamentalistas de ultraderecha”. El veneno anticlerical de los siglos 18 y 19 ya está mandado a recoger.
No por nada el papa Francisco es reconocido hoy mundialmente como la autoridad moral y el líder más grande del planeta y monseñor Romero como el mártir por la causa de la justicia en la defensa de los pobres del continente. Esto es indiscutible aunque ustedes traten de ocultarlo con el silencio. Pensemos no más en la reciente Jornada Mundial de la Juventud en Cracovia, donde 1’600.000 jóvenes de todo el mundo testimoniaron su fe y su compromiso para construir un mundo mejor. ¿Por qué dieron la orden de ignorarla? La Iglesia católica ha cambiado; ustedes no pueden quedarse viviendo dos siglos atrás.
Con todo, doy la orden de renovar la suscripción, porque no le tengo miedo a la controversia, al debate y a la opinión del otro, pero a condición de que sea serio el interlocutor y no motivado por el ajenjo del anticlericalismo.
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