Los resultados de las elecciones del domingo 27 de mayo –bastante previsibles– nos dejan a varios millones de colombianos prácticamente sin posibilidad de contribuir a un cambio profundo en la próxima y definitiva jornada electoral. Como ya lo dijo el columnista Hernando Gómez Buendía, no se trata de votar por el menos malo, es que no se debe votar por ninguno: ni Duque ni Petro, así tengan algunas fortalezas, que las tienen, pero no suficientes para gobernar un país de la complejidad de Colombia. Había otra posibilidad y se escapó….
Es muy difícil para ese amplio sector de la población colombiana tomar una decisión. La única salida será el voto en blanco, lo cual significa cumplirle a la democracia con el único compromiso de continuar siendo ciudadanos auténticos en los diferentes ámbitos que la vida no tiene en este momento. El comportamiento de los perdedores más significativos, Humberto de la Calle y Sergio Fajardo, se ha convertido en una hermosa lección de vida. Cuánta dignidad, qué talante, prudencia, un profundo sentido de la patria y cero amarguras. Ellos sí que nos dejan una huella.
De acuerdo con la definición del Diccionario de la Real Academia, la expresión resiliencia significa la capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos. Colombia ya tiene experiencia larga en ese tipo de adaptaciones derivadas de las violencias política, la guerrillera y la del narcotráfico que se ha soportado por más de 70 años. Ahora a muchos ciudadanos nos toca aprender a adaptarnos a la nueva situación para los próximos cuatro años –si es que no se les ocurre un nuevo articulito y de eso ya hay varias advertencias–, porque al fin y al cabo la vida continúa.
El 17 de junio saldremos a votar en blanco y a pedir a la Divina Providencia que acompañe a gobernantes y a gobernados; estaremos atentos al devenir de la sociedad colombiana y continuaremos con las mismas prácticas ciudadanas, como lo hemos hecho a lo largo de la vida, así nuestra actitud sea un átomo en el aporte para que la paz se consolide pasito a paso, de aquí hasta siempre.
Ana María Córdoba Barahona. Pasto.
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