Aún seguimos de luto
Como expresa Doris Salcedo en una entrevista realizada por Cecilia Orozco en El Espectador (16-10-16), entró en un gran luto después de la derrota del Sí y solo a través de su arte en favor de las víctimas ha logrado pasar esa primera fase de dolor, con la idea de continuar la lucha, lo cual significa esperanza. Por mi parte, siento tranquilidad de saber que ha sido la prensa internacional (y de gran impacto mundial) la que señala al líder del Centro Democrático como el principal causante de ese inmenso sentimiento de frustración que sembró en la mitad de los votantes que fuimos positivos y hasta le hace un llamamiento a la sensatez. Si hubiera sido la gran prensa colombiana, y peor aún la prensa regional, vaya a saber qué habrían hecho los ideólogos ovejunos del susodicho expresidente y actual senador de la República. Ellos sí se permiten ser provocadores, pero no resisten que se los provoque, y no es bueno ni sano, porque las respuestas podrían ser un florero de Llorente para reiniciar la guerra, que tanto cultivan desde su profundo interior.
Pero no hay mal que para bien no venga, dice el adagio popular. Al menos, algunos de quienes parecían resentidos y envidiosos, han adoptado posturas más dialogantes, propuestas más viables, ideas más factibles, lo que indica que la participación de la ciudadanía se ha ampliado, tal como lo demuestran las masas de ciudadanos con predominio de los jóvenes que forman parte de las marchas y las protestas pacíficas a lo largo del país.
Sin embargo, ese exceso de consultas nos puede llevar a un limbo todavía más hondo, que bien pude denominarse “democrateria”. Es de pleno conocimiento que en ningún lado se logra la absoluta aprobación sin rezongar, siempre queda un sector pequeño que no comparte y de allí el respeto a las minorías. De lo contrario, para qué las mesas de negociación, el parlamento, los gremios, la Iglesia, las asociaciones de víctimas, de mujeres maltratadas, cabezas de familia y hasta los partidos políticos, que mucho tendrán que aprender. Alguien debe tomar la última palabra y punto. Lo que sigue es respetar y eso sí que es democracia. Al cabo del tiempo todo será evaluado por el comportamiento de la misma ciudadanía y sus autoridades. Y que no se diga que el pueblo colombiano no tiene experiencia, la Constitución de 1991 es un buen ejemplo.
Por otra parte, ¿quién está a cargo de los que no votaron? Es como si nadie quisiera hacerse cargo de los abstencionistas. ¿Quiénes son? ¿A qué sector pertenecen? ¿Por qué no hablan? Allí están algunas claves de la derrota que tuvimos el 2 de octubre. Los abstencionistas deberán ser tan cuestionados como los que utilizaron mecanismos tramposos para captar votantes. Pero, claro, los primeros son invisibles y allí radican su cobardía y su antipatriotismo.
Ana María Córdoba Barahona. Pasto.