El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

¡Bienvenidos inmigrantes!

09 de junio de 2011 - 06:00 p. m.

Gracias al presidente Chávez estamos recibiendo un éxodo de venezolanos.

PUBLICIDAD

Por la rapidez que le están imprimiendo las autoridades al trámite burocrático de su nacionalización, al parecer, por fin estamos entrando en la onda de acoger a valiosas personas de otros países, que se ven constreñidas a expatriarse. Países como Argentina, deben su acelerado desarrollo y su alto nivel cultural a la ola de inmigrantes europeos. Faltos de visión, nuestros antepasados no aprovecharon la feroz persecución que desató Hitler contra los judíos, para abrirles la puerta a tantos científicos, educadores y ciudadanos de gran valía. Tampoco les dimos amparo a los republicanos españoles que el dictador Franco persiguió con saña, obligándolos a buscar refugio en otras latitudes.

Nuestros antecedentes migratorios se reducen a la acogida que les dieron a árabes, turcos y libaneses en departamentos de la Costa Caribe, cuyas costumbres asimilaron, sin perder sus virtudes, ni apostatar su religión. La mayor parte de ellos se dedicaron al comercio, la ganadería y la agricultura. Ilustres descendientes de libaneses que han honrado a Colombia y la han hecho en el exterior. Más que los embajadores y representantes consulares, son Salomón Hakim, inventor de la válvula que lleva su nombre, y Shakira Mubarak. También se ha destacado como periodista y escritor Juan Gossaín.

Hacia la década de 1920 a 1930 se desplazaron a Bogotá cientos de extranjeros, a quienes se les decía genéricamente “polacos”, aunque algunos eran turcos, árabes y de otras nacionalidades. Se dedicaron, casi exclusivamente, al comercio de telas y vestuario. Revolucionaron la forma de mercadeo utilizando el método de puerta a puerta, y poniendo fe en el cliente, le fiaban el producto, cuando era lo tradicional hacer las ventas en locales a través de un mostrador y de contado.

Hacia 1928, el Valle del Cauca acogió a un grupo de japoneses, cuyo primer núcleo de cinco familias llegó por el puerto de Buenaventura y se asentaron en Corinto en terrenos de su compatriota Samuel Shima, extrabajador del Ingenio Manuelita. Prontamente les siguieron otros grupos que se afincaron en Florida, Palmira y Pradera. Modernizaron los sistemas de explotación de la tierra introduciendo el uso de maquinaria agrícola y su esquema innovador, basado en la colaboración entre propietarios, los convirtió en el núcleo más avanzado de la producción agraria en Colombia, según Asocaña. Se dice que los japoneses se animaron a emigrar al Valle del Cauca, enamorados de sus llanuras, montañas y ríos, descritos bellamente en la María, del poeta Jorge Isaacs, también hijo de un inmigrante inglés.

 Jorge Arbeláez. Bogotá.

Envíe sus cartas a lector@elespectador.com

Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias