Bogotá, ciudad de obras, y no precisamente obras de arte, de teatro o similares, no. Bogotá, ciudad de obras de cemento. Si eres bogotano, resides en la ciudad o vienes de visita, desde hace algún tiempo habrás podido notar que la capital está completamente rota, aunque si hacemos remembranza ya lo estaba desde antes, pero ahora la situación es caótica, no hay avenida, parque o andén que se salve de la pica y la pala, con la promesa de una ciudad más próspera y desarrollada, o al menos eso es lo que dice el alcalde de turno que inicia obras.
Lo cierto es que ahora Bogotá está insufrible para transportarse y no importa el medio que nos ingeniemos: carro, bus, bicicleta o incluso a pie, siempre te vas a cruzar con una avenida rota, un parque en remodelación, el cambio de las bien llamadas salpicadoras o losas buscaminas de los andenes, esas que medio pisamos y el agua se nos mete por debajo del pantalón casi hasta la rodilla.
Bogotá, una ciudad de obras… sin terminar, así como de corrupción y sobrecostos que se suman a otros elefantes blancos que vemos en toda Colombia. Sin embargo, lo que llama la atención de este período que atravesamos y lo que nos preguntamos todos los que vivimos en Bogotá es: ¿por qué todo al tiempo? Antes se terminaba una avenida y se comenzaba otra, pero en el actual gobierno, casi que con afán y pareciera que sin planificación, decidieron intervenir la mayoría de avenidas principales, empezar el metro, Transmilenio por la 68, quitar carriles vehiculares, entre muchas otras obras que afectan al ciudadano. No lo pudieron hacer de forma paulatina, no, sino que lo tenían que hacer todo al tiempo, sin darnos la oportunidad de tomar un desvío por otra avenida para no perder tanto tiempo en cada trayecto; en cambio sí nos pusieron a madrugar y a trasnochar más de lo debido.
Para bien o para mal, se viene un cambio de gobierno y la ciudad continúa en obra, solo queda esperar a que el nuevo dirigente se ponga un poco más en los zapatos del ciudadano que tiene que atravesar toda la ciudad para poder llegar al trabajo.
Alejandro Calderón.
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