Quince años llevan nuestros hermanos venezolanos soportando la inmisericorde represión y violación de los derechos humanos por parte de un comunismo retrógrado, caduco y de mentes enquistadas en los años sesenta, que acabó con aquel país que otrora era el sueño latino, la potencia en la región.
Tal vez por al afán de cambio se dejaron obnubilar, anestesiar, y como borregos fueron a las urnas una y otra vez a reelegir al mismo apátrida. Desde el inicio de estos tres lustros, todos los países de la región y el mundo hemos visto cómo a pedazos se destrozaba Venezuela. El pueblo quiso reaccionar al mal paso que habían dado, pero ya era demasiado tarde.
Con el fallecimiento de quien lideró tantas barbaridades, el pueblo pareció ver la luz al final del túnel, pero en unos señuelos electorales cayeron, y de golpe se posicionó el verdugo de turno.
En ocasiones siento rabia por nuestros hermanos venezolanos; y en otras tantas, lástima. Además de preguntarme y preguntarme por qué los pueblos eligen para regir los destinos de un país a un ciudadano que llegó al poder por la fuerza bruta, mas no por sus renovadoras e inteligentes ideas.
¿Cómo envuelven en un mar de engaños los populistas a su pueblo para lograr el poder absoluto? ¿Cómo logran pasar sobre grandes estadistas, economistas, abogados o simplemente ciudadanos sin títulos pero excelentemente preparados para gobernar?
Por esto y por mucho más, Venezuela se encuentra textualmente en preguerra. Los venezolanos no aguantan más y tendrán que demoler ese “Gobierno” que los llevó a la desesperanza absoluta. Justas son sus diarias protestas que infortunadamente están impregnadas de la sangre del venezolano que aún ve futuro en el que parece el país de nunca jamás.
Ellos tendrán que reventar ante tan lamentable situación que viven, en un país con la nevera vacía, y muy pronto comprando el aceite y el azúcar por cucharadas como en Cuba. El culpable cerró los ojos y volteó la espalda a su pueblo, para dirigir su mirada y regalar el petróleo a sus similares totalitaristas del mundo. Es nuestro deber como demócratas apoyar a nuestro pueblo hermano en toda la región, denunciando todo tipo de atropellos, ya que la prensa venezolana se encuentra amordazada y está teniendo que recibir papel periódico de sus países aliados, los que jamás permitirán que callen a los medios de comunicación. Los estudiantes lograron lo que muchos líderes anhelaron, pero que en el ensayo claudicaron. Por una Venezuela democrática, apoyémoslos incondicionalmente.
Raúl Moreno Sierra. Medellín.
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