Estoy cansada.
Me aburren las redes sociales con sus extremos atrincherados y su lógica de quién puede humillar intelectualmente más a la contraparte. Me aburren los medios de comunicación cada vez explorando más sus sesgos y posicionándose como fanáticos de un espectro ideológico puntual, todo para ganar vistas y clics y anunciantes y todas esas cosas que mueven hoy a los maestros de la comunicación. Me aburren, ante todo, los líderes políticos y quienes los defienden como si viviésamos en una secta; ovejas enlistadas en cultos infalibles que tenemos que silenciar a todo el que no esté de acuerdo con nosotros. Y así se nos va la vida, esperando a que arranque en forma la próxima campaña presidencial y con ella se desenfrenen todas las pasiones. Es una situación insoportable. Lo he visto al interior del uribismo, donde milito desde que en el 2002 llegó a la Presidencia Álvaro Uribe. Es difícil incluso dentro de un movimiento que se presenta como deliberativo hacer parte de un área más razonable y menos pasional.
Por ejemplo, recuerdo cuando me opuse a la tercera reeleción del entonces presidente Uribe. Dentro de mi familia y amigos cayeron improrios y mentiras. Ya eso les parecía de extrema izquierda.
Esto mismo parece ocurrir con la percepción que ciertas voces dentro del Centro Democrático tienen sobre el presidente Iván Duque. Como no hay querido correr con todas las causas más extremas, hay quienes lo llaman de izquierda. Por favor. ¿Así cómo podemos tener debates serios para construir al país?
Nos gusta criticar y criticar a la extrema izquierda criolla por su sectarismo y maniqueísmo, pero nosotros caemos en lo mismo día tras día. Lo he visto también en esa idea de “salvar a Colombia” con la que pretendemos llenar el vacío de Uribe en las próximas elecciones. ¿Salvar a Colombia de qué si nosotros tenemos el poder? Si seguimos huyendo de fantasmas, ¿dónde queda nuestra propuesta de país? ¿Cuál es la Colombia que nos soñamos? La única respuesta parece ser que queremos un país donde Gustavo Petro no sea presidente. Ajá. Y aparte de eso, ¿qué?
Busco al uribismo más razonable y a la derecha en general. Quisiera convocarlas. ¿De verdad no tenemos respuestas a la polarización? ¿Hemos abandonado el debate por ideas? ¿Tenemos que persignarnos y arrodillarnos ante conceptos inamovibles y figuras salvadoras? Tal vez de eso es que tenemos que salvar a Colombia: de dejarse llevar por el maniqueismo y las hinchadas que triunfan en redes sociales.
Elvira Gómez.
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