En nuestros 200 años de existencia como república, nunca habíamos sido receptores de una ola de inmigrantes.
Carta a un colombiano
En nuestros 200 años de existencia como república, nunca habíamos sido receptores de una ola de inmigrantes.
Acogimos a algunos de Europa y a algunos del Medio Oriente, pero nunca en masa como ahora se está presentando con nuestros hermanos de Venezuela.
Creo, por esa razón, que este es un momento crítico que nos definirá ante la historia.
Podemos actuar con humanidad, acogerlos y pasar a la historia como un pueblo compasivo que entendió el sufrimiento del hermano y lo ayudó a superarlo o podemos esquivar la responsabilidad y continuar con nuestra imagen de ser los más grandes productores de cocaína del mundo.
Lo primero es difícil. Representa sacrificio, paciencia, voluntad, solidaridad y compromiso.
Lo segundo es fácil. Significa solamente seguir con nuestras vidas, cerrar nuestros ojos con indiferencia y esperar a que los hermanos venezolanos se aburran y se vayan para otro país.
Hay un dicho en Colombia que aplica para la familia y los amigos: “Donde comen dos comen tres”. Es fácil aplicarlo con la familia y amigos, es difícil cuando el que pide sentarse a la mesa es un extraño.
Jesucristo, el gran maestro del amor, no repartía bendiciones solamente entre sus apóstoles y su más grande enseñanza fue precisamente: “Ama a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo”.
Ideal fuera que brindásemos un plato de comida y un rincón para recostar el cuerpo al hambriento y cansado, pero suficiente sería si no lo rechazamos y, al contrario, activamente lo ayudamos con trabajo, oportunidades para salir adelante, medicinas que, a menudo, se pasan de fecha en nuestros botiquines, con ropa que, a veces, ya no usamos y con todo lo que nos gustaría que hicieran por nosotros si la situación fuera al contrario.
Con ese pensamiento quiero cerrar esta corta exhortación: la arepa es tan de Colombia como de Venezuela y el dicho aplica igual aquí que allá: “La arepa se voltea”. Venezuela fue el país más rico de América y cuando pase esta pesadilla de Maduro nuevamente lo será, pues todavía estará sentado, y por muchos años más, en un colchón lleno de petróleo.
Las reservas de petróleo de Colombia alcanzarán a lo sumo para un lustro más.
Lamentable sería que nos dieran un portazo en la cara, cuando lleguemos a pedir que nos vendan petróleo a un precio razonable.
Tristemente, sería lo que nos mereceríamos si continuamos con esta actitud miserable.
Hugo Bahamón.
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