El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Carta abierta

12 de noviembre de 2018 - 12:00 a. m.

A los estudiantes.

PUBLICIDAD

Carta abierta

A los estudiantes.

A los colombianos.

Y a cualquiera que se lo encuentre.

Aquí no vengo a condenar a nadie. Mi único propósito escribiendo esto es dar una voz de alarma.

Hay algo de lo que a la altura de mi vida ya estoy absolutamente convencido. Más allá de izquierdas o derechas, de centros, de extremos, de radicales, de tibios, de reaccionarios, de revolucionarios, más allá de ideales, esperanzas, utopías, sueños, emprendimientos, dinero, lujos, y todo lo que se les ocurra, existe un presupuesto inviolable, imperioso, necesario, fugaz, sencillo, sin el cual ninguna meta política, social, espiritual o de cualquier índole puede ser concretada: la vida. Es lo único que tenemos, lo único que nos pertenece.

Afortunadamente, según lo que he escuchado y leído, no hubo en las marchas ningún muerto. Pero lejos no estuvimos.

Yo espero, de parte del Gobierno y las instituciones, que la única “mano dura” que promete Peñalosa sea la del apretón de manos en las anheladas reuniones entre los estudiantes y el presidente. Yo espero también que si el presidente no quiere ver más este tipo de sucesos, entienda que su deber es sentarse a dialogar, a negociar, a proponer, a escuchar a todos aquellos que salieron pacíficamente a la calle (porque los hubo y fueron la mayoría). Que el presidente por fin entienda que esa es la prioridad en este momento específico de la coyuntura política y social del país y no reunirse con Maluma. ¡No estoy pidiendo premios para los vándalos! ¡No estoy pidiendo impunidad para los que atentaron contra otras vidas! Yo lo que quiero es que no tomen el odio como alternativa. Ya sea por parte de la Policía Nacional y en general las instituciones encargadas del mantenimiento del orden en las ciudades, como tampoco por parte de los estudiantes que piensen salir de nuevo a marchar. Ninguna letra con sangre entra.

A los estudiantes en particular les quiero decir que, más que estudiantes, son colombianos, somos colombianos. Que el verdadero sueño en el que debemos estar metidos hasta el cuello, hasta los poros, es el de la paz. Pero no la paz como ideal abstracto, la paz como realidad. La educación, sin lugar a dudas, es un factor fundamental para concretar ese anhelo. Luchar por la educación es, claramente, luchar por la paz. Nuestra más grande e inminente responsabilidad es ser agentes de paz, materializarla en nuestro día a día, bajarla de ese estado etéreo y ambiguo y aterrizarla a nuestro entorno inmediato. Si uno es agente de paz no puede utilizar la violencia como medio para cualquier cosa que se proponga. Toda vida es un fin en sí mismo.

Olvidémonos de bandos. Entendamos que cualquier acción que llevemos a cabo, por ínfima que sea, repercute en todo el país. Responsabilicémonos de esta tarea que nos ha sido asignada como generación. Tarea que por fin llega, que por fin está en nuestras manos luego de esquivarnos por más de 60 años de violencia despiadada.

Seamos pan, seamos paz, seamos más.

David Santiago Mena Luenga.

Envíe sus cartas a lector@elespectador.com.

Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias