José Fernando Isaza ha estado siempre, como se dice, bien colocado.
Gerente del IFI, presidente de Ecopetrol, presidente de Mazda, ministro de Turbay, rector de la Tadeo, libra ahora una campaña de salud pública contra el alcalde Gustavo Petro, aunque no puede menos que reconocer la reducción de los asesinatos en Bogotá, registrar el “suministro gratuito del mínimo vital de agua” y aun saludar el cambio del retrato de Jiménez de Quesada en el Liévano, por el de Bolívar.
Lo anterior reúne lo “bueno” de Petro en el artículo de Isaza en El Espectador del 13 de junio, “Lo bueno, lo malo y lo feo”. Pero es claro que, a su pesar, lo “malo” no logra opacar lo bueno. Isaza ilustra un presunto desconocimiento de la administración pública al decir que el alcalde se imagina a sí mismo un dios que crea con la palabra. ¿Un hombre que logra reducir la tasa de homicidios, que torna realidad el derecho al consumo de agua, que inicia los estudios del proyecto estratégico del metro podrá no ser buen administrador? Por demás, el alcalde no acusa a sus opositores de conspirar como afirma Isaza, pero resulta ingenuo pensar que los viudos del carrusel y de la parapolítica no intentarán derrocarlo.
En otra de sus catilinarias Isaza lo imagina presidente (vaya) y le preocupa que en aras de la defensa de lo público pueda revivir la ineficiente y corrupta Edis, la Flota Mercante y hasta Colpuertos. ¿Es de material tan rudo la argumentación de un académico? ¿Por qué Isaza en su delirio no imagina a Petro presidente mirando hacia las exitosas Empresas Públicas de Medellín, ISA o Empresa de energía de Bogotá? Pero no esconde su cometido al pedir a la Procuraduría y a la Contraloría que “ejerzan sus funciones”, lean sus labios, destitución expedita del alcalde, a través de una engorrosa revocatoria.
En 1982 tuve un encuentro casual con el profesor Bernardo García, esposo de mi admirada Cristina de la Torre, columnista de El Espectador. “Me alegra mucho verte, me dijo, porque toda tu generación está siendo perseguida”. Hacía referencia al Estatuto de Seguridad del doctor Turbay que hizo siniestramente famosas las Caballerizas de Usaquén y me fue inevitable pensar que quizá el profesor generalizaba porque a Isaza (de la misma generación de quien escribe y también egresado ingeniero de la Nacional) nadie lo perseguía. Formaba parte de ese gobierno.
Samuel Camargo Hidalgo.
Bogotá.