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Cartas de los lectores

26 de agosto de 2013 - 05:52 p. m.

El agro colombiano, en toda la historia del país, ha sido el gremio más desamparado y maltratado por las diferentes políticas de los gobiernos de turno, que nunca han reconocido los grandes esfuerzos y sacrificios del campesinado colombiano, héroe del trabajo y de la producción alimentaria.

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Ruina económica y sangre derramada han sido las variables impuestas al campesinado. Los convenios destructores, como la “apertura económica”, los “tratados de libre comercio”, que de libre nada tienen, se convierten en monopolios que destrozan la columna vertebral de la economía campesina, sometiendo sus productos a pérdida.

Antes de implementar la horrenda política neoliberal y llevarla al campo han debido estructurar políticas beneficiosas y sostenibles. Políticas como Agro Ingreso Seguro (AIS), entrega de baldíos a multimillonarios, despojos violentos, entre otros, obligan a la indignación y al repudio nacional. 

Factores como el alto costo de abonos, agroquímicos, importaciones, transporte, cadena de intermediarios, contrabando e impuestos pauperizan las familias campesinas. Bajo estas situaciones, que no se pueden minimizar, se realiza el paro agropecuario con la participación del transporte pesado, parte de la salud y minería, apoyado por los colombianos conscientes, pues sus causas son justas y racionales. 

La violencia conduce a la profundización del problema. Los actos inhumanos de botar alimentos son contrarios a la solidaridad y producen rechazo. Urge pronto toda la atención del señor presidente, demostrando con hechos que abraza la paz, poniéndose sombrero y ruana al frente de la dirigencia campesina y conceder lo ordenado por el Estado Social de Derecho, llegando a soluciones dignas para todos los integrantes del agro colombiano.

Ómar León Muriel Arango. Bogotá.

Con humildad

Las Farc pensaron que con una rabieta iban a asustar al Gobierno y a la sociedad colombiana, por un posible rompimiento del proceso de negociación; cuando quieran que se levanten de la mesa, muy bien saben que la nación ya no está arrodillada, que no cree en ideologías y luchas apócrifas en lo social y lo político, además que existe una fuerza pública robusta, articulada y estratégicamente en ventaja, defendiendo la soberanía, las instituciones y a la comunidad; que los tiempos cambiaron, que ya no atemorizan con la arrogancia, el lenguaje de los fusiles y el terrorismo y que la paz también les conviene, ¿o acaso no están mermadas, que todos los días desertan terroristas y constantemente reciben golpes certeros en sus estructuras?

Édgar Bejarano. Bogotá.

 

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