La columna que publiqué en El Espectador sobre la exposición Antioquias provocó al columnista Juan Gómez Martínez en El Colombiano mi clasificación como defensora de Pablo Escobar y del crimen contra Guillermo Cano.
Interpretación burda de lector primitivo. Visión corta de adalid del orgullo paisa cerrado a la crítica y con defensa típica. De la pura cepa viene este modo de ser que abomina lo distinto y no reconoce lo que ha producido al monstruo propio.
Ana María Cano P. Londres.
Hora de acuerdos
Las manifestaciones en algunos lugares del país han pasado de ser protestas frente al presidente Santos y empiezan a atentar contra la institucionalidad. Preocupa que en casos como el del departamento de Nariño, donde los manifestantes y el gobierno nacional tenían acordados los puntos del arreglo, al hablar del levantamiento del paro, los primeros se negaron a hacerlo.
Respetando su autonomía periodística, sí quisiera insistirles en el rol que los medios de comunicación pueden tener para ayudar a que se busquen apoyos significativos para el sector rural, pero entendiendo que el país tiene que volver a sus cauces de normalidad. Ojalá ustedes desde El Espectador insistieran más en buscar acuerdos.
Eduardo Pizano. Bogotá.
Nuestro
campesino es sano
Colombia se estremece por lo que algunos dirigentes llaman paro campesino. Hay que distinguir dos situaciones, a saber:
1. Los empresarios y comerciantes colombianos tienen razones para protestar por la quiebra de sus negocios. La importación de productos para competir con aquellos que Colombia debería producir para exportar y la venta de lo importado a menos precio genera bancarrota. Los altos aranceles para productos que Colombia no produce y los intereses bancarios al punto de usura quiebran a los pequeños comerciantes.
2. La protesta es válida, pero no hay campesino que sea capaz de romper vitrinas, hurtar almacenes, quemar autos, tender trampas mortales, destruir y hacer discursos con ideologías foráneas. Nuestros campesinos son gente sana y muchas veces ingenua. Causa dolor de patria que los líderes sociales y políticos guarden silencio frente a los gravísimos hechos vandálicos de que dan cuenta los medios y con su silencio aparecen cómplices de los vándalos y solidarios con las causas que generan la crisis de nuestro campo y de nuestros campesinos.
Carlos Fradique-Méndez.
Bogotá
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