“Falsos positivos”
Los crímenes del Ejército y Unidades de Inteligencia y Seguridad de Colombia, ejecuciones extrajudiciales —llamadas “falsos positivos”—, de miles de personas inocentes y en general humildes, secuestrados, asesinados, disfrazados de “guerrilleros” y presentados como “muertos en combate”, en espera de recompensas y prebendas, es una ignominia sin antecedentes en ninguna nación medianamente civilizada y resultan intolerables. Se suman a muchos otros delitos de lesa humanidad y superan los crímenes de Pinochet o los de las dictaduras del Cono Sur o de los sátrapas centroamericanos.
Nada de esto hubiera sido posible sin la autorización y soporte de la élite económica y política del país, caracterizada por su codicia, rapacidad, falta de escrúpulos y ambición de poder. La solución no vendrá con unas cuantas destituciones y renuncias.
Robert Lewis Zapata. Neiva.
E.U.: ¿La “democracia perfecta”?
Este 4 de noviembre de nuevo se pondrá en juego la respuesta a esta pregunta. Surgen antes de esa fecha argumentos para pensar que, como algunos politólogos lo han demostrado empíricamente, no hay suficientes razones para apoyar la hipótesis de que los Estados Unidos constituyan una “democracia perfecta”.
Una demostración básica consiste en las preguntas que a estas horas rodean la suerte del candidato Barack Obama. La democracia tiene entre sus grandes virtudes, ser el sistema donde las minorías tienen plena participación y representación. Y las dudas que enfrenta Obama para ser votado como presidente entre el electorado, unas de orden racial, otras de credo religioso, demuestran que en esa “democracia perfecta” las minorías no ejercen plenamente aún alguno de estos dos grandes derechos. Ello se explica porque si bien Obama ha llegado a senador —derecho parcial— o fue nominado candidato por su partido —otro derecho parcial—, no tendría derecho a ser presidente por negro o por devoto de X religión y ello demostraría que en Estados Unidos no se garantizan plenamente los derechos civiles. Este solo hecho, de ocurrir, colocaría a Estados Unidos en el rango que los politólogos llaman de las Democracias Parciales, el mismo al que pertenece Colombia, para no ir lejos.
Otro factor que ratifica estas dudas, consiste en el voto indirecto. No puede llamarse “perfecta” una democracia en la que el ciudadano de a pie no tiene la posibilidad directa de elegir a su presidente. Pues bien, Estados Unidos adolece de este otro defecto y ello conduce a que las elecciones presidenciales no sean democráticas, porque los ciudadanos podrían mayoritariamente votar por Obama o inclusive por McCain y no resultar alguno de ellos elegido si el votado no reúne los suficientes votos electorales que tiene preasignados cada Estado federal, cuya suma es la que permite elegir presidente. Una regla de juego como esta fue la que llevó a Bush a ser presidente habiendo sido derrotado por Al Gore en las urnas en el Estado de Florida, hace ocho años.
Quedan sobre la mesa, entre otras muchas, estas dos preguntas. Se responderán total o parcialmente en pocas horas.
Bernardo Congote. Bogotá.
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