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Cartas de los lectores

11 de mayo de 2016 - 09:00 p. m.

Una carta sobre la violencia y otra sobre la resistencia civil.

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Sobre la violencia

Somos un pueblo violento culturalmente. Nada más ajustado a la realidad que mirar el Día de la Madre con el rasero de las violencias interpersonal e intrafamiliar, casi 4.000 riñas, 17 muertos, solo en Bogotá.Las cifras son vergonzantes para una sociedad que se precia madura, en desarrollo y con la experiencia de haber sufrido a lo largo de 70 años violencias que han dejado huellas lacerantes en el colectivo imaginario por su crueldad y que le han permitido reflexionar, sobreestudiar y legislar sobre cómo resolver las diferencias.Pero todavía se falla en algo muy medular, por lo que las expresiones materiales de violencia son las respuestas primarias ante las dificultades. Se necesita más política pública en cultura ciudadana, donde se involucre a los actores primarios de la sociedad: familia, escuela y colectivo en general, que abarque los espacios privados, interactivos y el público, formando desde la base una espiral de cultura ciudadana. Esta responsabilidad está en cabeza de los entes territoriales y del Gobierno Nacional, que son los que construyen política pública.Hay que elaborar programas académicos que abarquen desde el seno familiar hasta la última esfera de la vida en sociedad, pensados para cada espacio, pero que vayan entrelazados para que haya sostenibilidad y coherencia. Esta es la parte nuclear, es decir, la pedagógica, falta complementarla con un capítulo descriptivo y punitivo que contemple la conducta, la sanción y la corrección según la gravedad de la falta de indisciplina o contravencional. Esa herramienta jurídica la contempla el Código Nacional de Policía, pero está obsoleto.El Congreso, que es el ente hacedor de las leyes, debe actualizar el Código, y en un capítulo especial dejar claro que hacer política pública en cultura ciudadana es un imperativo inaplazable. Esto debe ordenarlo la ley, porque si se deja al criterio de los mandatarios pasarán diez siglos más y las cosas peores. Ya nos habremos matado todos. Qué horror.

Sobre la resistencia civil

La osada propuesta de “resistencia civil” contra los acuerdos de paz, por parte del senador Álvaro Uribe Vélez, tiene como fondo un revoltijo de las más perversas motivaciones, sutilmente ocultas a los ojos de la opinión pública. Sentimientos de odio y defensa de relaciones premodernas que derivan rentas del despojo de tierras y de formas de corrupción y otros ingresos ligados a formas de economía ilegal e informal, y a la debilidad manifiesta del Estado. Lo que hace que devengan interesadamente en abiertos apologistas de la “nueva guerra” en la que “se combinan la violencia política, crimen organizado y violaciones masivas de derechos humanos contra la población”. Así, Álvaro Uribe y su facción política son vulgares predadores de la guerra sancionada como forma de vida.

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