“La poesía: Llegas, silenciosa, secreta, / y despiertas los furores, los goces, / y esta angustia / que enciende lo que toca / y engendra en cada cosa / una avidez sombría”. Las guerras a través de la historia han suscitado una manera singular de inspirar a los artistas llevándolos a la creatividad sin límite.
Es el caso del Premio Nobel de Literatura de 1990, Octavio Paz Lozano, de quien conmemoramos cien años de su natalicio, viniendo al mundo en plena Revolución mexicana. Nació y murió en Ciudad de México, marzo 31 de 1914, abril 19 de 1998.
Poeta, diplomático, traductor, abogado, literato y ensayista, Paz anduvo muchos caminos literarios sin casarse jamás con ninguno. Fue un escritor sui géneris, difícil de ubicar en un estilo o sello particular.
En su florilegio poético encontramos: Libertad bajo palabra, Vuelta, Ladera este, Blanco, La rama, Luna silvestre, Salamandra, Poemas, Puerta condenada, Pasado en claro, Árbol adentro, Le Singe grammairien traducción francesa de El mono gramático, etc.
Fue un escritor fecundo y prolífico. Entre sus ensayos más notables destacamos: Al paso, La llama doble, Hombres en su siglo, Tiempo nublado, Sor Juana Inés de la cruz o las trampas de la fe, Cuadrivio, Los hijos del limo, El signo y el garabato, El arco y la lira, Vislumbres de la India, Itinerario, Claude Levi-Strauss o el nuevo festín de Esopo, In-mediaciones, Pequeña crónica de grandes días, entre tantos.
Premio Cervantes 1981, Premio Nobel de Literatura 1990, Premio Ollin Yolitztli 1990, Premio Príncipe de Asturias 1993, Xavier Villaurrutia 1957, Premio Jerusalén de Literatura 1977 y muchísimos más galardones en México y el exterior. Fue un apasionado de su arte, traducido en ensayos, letras y versos que escribió con delicado amor, en medio de la Revolución, la que dejó dolor, desolación, sinsabor, pero sobre todo la pasión por la creatividad. No sólo México conmemora su natalicio número cien; en Colombia será homenajeado todo el 2014. Será indiscutiblemente el año de Octavio Paz, poeta que le apostó no sólo a la reconciliación, sino también a la esperanza, haciendo honor a su apellido, la paz.
Helena Manrique. Bogotá.
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