Históricamente Antioquia ha pretendido tener dominio territorial sobre el Chocó, en su visión de tener control sobre los dos mares no es un asunto nuevo es una doctrina que data de 1784, cuando el visitador Juan Antonio Mon y Verlarde recomendó a los antioqueños que para su desarrollo económico y comercial deberían tener salida a los dos mares. Después del fin de la dominación española y el nacimiento de la vida republicana ha seguido fomentando con mayor vehemencia la doctrina. En 1813 pretendieron anexarse al Chocó, pero los chocoanos rechazaron sus aspiraciones. En 1830 otra vez intentaron anexarse por segunda vez el territorio chocoano y el libreto continuó durante el siglo XIX y en el siglo XX lo intentaron varias veces: durante el gobierno de Rafael Reyes (1905-1909) y en la primera administración de Alfonso López Pumarejo (1934-1938).
La propuesta de anexión en 1830 fue presentada por los legisladores antioqueños Alejandro Vélez Barrientos y Juan de Dios Aranzazu, y consistió en un proyecto de decreto donde se pretendió unir las provincias de Antioquia y Chocó para formar un nuevo departamento.
Proyecto que en su artículo primero, decía: “La provincia de Antioquia se separa del departamento de Cundinamarca y la del Chocó del Cauca; ellas formarán un nuevo departamento llamado Antioquia”. Por la oposición de los legisladores del Chocó y del Cauca, los legisladores antioqueños fueron obligados a modificar sus pretensiones y en el Congreso Constituyente del 10 de mayo de 1830 se decretó la creación del departamento de Antioquia, pero sin el Chocó. El capítulo tercero de este citado decreto, dice: “El poder ejecutivo presentará en el primer congreso constitucional un informe sobre las conveniencias o inconveniencias de agregar el todo o parte de la provincia del Chocó al nuevo departamento de Antioquia” (…).
Detrás de dichas pretensiones estuvieron los comerciantes y políticos antioqueños Juan de Dios Aranzazu, Manuel Arrubla, Francisco Montoya y los hermanos Pardo y Del Corral. Los cinco fueron claves para que ese mismo año Antioquia lograra que el gobierno del general Francisco de Paula Santander, segregara del Chocó la banca oriental del río Atrato desde la desembocadura del río Arquia hasta el golfo de Urabá y la anexara efímeramente a Antioquia.
Todos eran prestamistas del gobierno y tenían excelentes relaciones políticas y comerciales con el general Santander, tanto Juan de Dios Aranzazu como Francisco Montoya fueron gobernadores de Antioquia durante la administración del general Santander. El primero hablaba que “el camino a Urabá era una ruta de penetración fundamental para el desarrollo económico de Antioquia”.
En cambio, Francisco Montoya había obtenido del gobierno una concesión para la construcción de un canal interoceánico por el Chocó y con ello parte del monopolio del control de la navegación por el río Atrato. Montoya, también, aparece más tarde como fundador con empresarios costeños de las Compañías Nacional de Vapores de San Marta y Cartagena. Empresas que controlaron parte del monopolio de la navegación por el río Magdalena.
Igualmente, Montoya participó con el famoso empréstito Zea, que suscribió el vicepresidente Francisco Antonio Zea en 1822, en París, con la firma de prestamistas ingleses Herring, Graham & Powles por dos millones de libras esterlina, de los cuales solo llegó una tercera parte a las arcas del fisco nacional, el resto se quedó en las redes de corrupción que estructuraron Zea y Montoya.
Además se vio involucrado en otros escándalos por empréstitos del gobierno colombiano a la casa inglesa B. A. Goldschmidt & Co., donde fue designado negociador con Manuel Antonio Arrubla. En resumen, Francisco Montoya fue uno de los comerciantes y políticos antioqueños claves en la aplicación de la doctrina antioqueña de cercenar el territorio chocoano durante el siglo XIX y demuestra que el Chocó sigue siendo víctima del desbordado expansionismo paisa. José E. Mosquera.
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