Hace unos días visitó Guapi la vicepresidenta Francia Márquez para presidir sobre una de las primeras ediciones de los Diálogos Regionales Vinculantes que nos prometió el gobierno del cambio. Debo confesar que fue conmovedor sentir de cerca la presencia de una mujer dueña de una calidad humana incomparable y poseedora de la capacidad de inspirar el deseo de ser cada día mejor. Pero así como sentí su profundo deseo de contribuir a reparar el daño causado por dos siglos de abandono en que ha vivido la región costera del Pacífico colombiano, pude comprender la frustración de encontrarse uno sumergido en un mar de peticiones, sugerencias y reclamos, muchas tan en contravía las unas de las otras que puede el oleaje terminar haciendo sumergir el barco del cambio.
Creo encontrar una contradicción absoluta entre la necesidad imperiosa de defender y conservar la selva que cubre la región y la construcción de la carretera que une al Pacífico con Popayán, desde hace mucho tiempo proclamada casi unánimemente como la receta para la redención de la región. Hablo de contradicción absoluta no solamente por el enorme daño que provocaría al ecosistema la construcción de dicha carretera sino por las dificultades técnicas y el costo astronómico para construir la red de caminos terciarios necesarios para integrar los muchos pueblos de la región impuestos por la densa malla fluvial, las abundantes lluvias, el difícil terreno de la falda de la cordillera Occidental y el suelo pantanoso del área próxima al litoral. Por qué no pensar más bien en desarrollar un sistema de transporte integrado marítimo-fluvial que aproveche la red de ríos y la integre a un servicio de ferris que una las comunidades costeras desde Panamá hasta el Ecuador. Si en el interior del país el transporte terrestre recibe un subsidio enorme expresado en la construcción y el mantenimiento de carreteras, ¿no sería justo subsidiar el transporte marítimo y fluvial en las comunidades del Pacífico sur que desde su origen han vivido a las orillas de los ríos y del mar?
Creí escuchar otra contradicción entre la necesidad de transformar radicalmente el sistema educativo y la incertidumbre y el miedo que causa exponer las falencias que han mantenido a los colegios de la región en el nivel más bajo entre los colegios del país. Resulta contradictorio hablar de instalar un centro universitario en la región sin reconocer que nuestros colegios no están en capacidad de producir la materia prima para alimentarlo. Lo cual es además uno de los principales argumentos para explicar la contradicción que existe entre un centro universitario y un hospital de alto nivel en la región y la realidad que impone el sistema educativo. No es posible pensar que haya médicos ni profesionales calificados interesados en radicarse en una comunidad del Pacífico que carece de colegios en donde puedan sus hijos recibir una educación de calidad.
Valioso como es escuchar a los votantes, es importante considerar que frecuentemente priman ideas preconcebidas sobre la reflexión desapasionada en la formación de sus opiniones.
Ricardo Gómez Fontana. Guapi, Cauca.
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