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Cuatro cartas de los lectores

03 de enero de 2020 - 12:00 a. m.

Sobre un editorial

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A propósito del editorial “A pesar de tantas cosas, hay motivos de esperanza” (El Espectador, 31 de diciembre de 2019). Hay motivos para el optimismo y están fundados en el despertar del pueblo. Ver que el pueblo reclama por los descontentos y hasta ignominias, que exige cambios necesarios y urgentes. Ver en las marchas cantidades mayoritarias de jóvenes que reclaman esperanza, que desean un país en paz donde la justicia social reine. Sí, el optimismo es grande cuando los jóvenes sienten y exigen por un país mejor, sí, posible, y da a entender con pruebas fehacientes que esos jóvenes son el futuro del país. No podemos dejar solos a esos jóvenes, pues la responsabilidad es de todos. Queremos y podemos lograr un mejor futuro.

M. Jiménez

Sobre la violencia

¿Por qué nos extrañamos de que la violencia en Colombia siga? Es que las causas raíz de esto son los problemas sociales: la desigualdad, la miseria, la falta de oportunidades, etcétera. ¿O es que en países avanzados socialmente, como Noruega, Suecia, Finlandia, Dinamarca, Suiza y otros, se da este tipo de violencia que tanto daño nos ha causado y seguirá causando? Mientras no se comiencen a solucionar los problemas sociales de fondo, no habrá manera que cese o se reduzca al mínimo la violencia.

F. Ruiz

Sobre el salario mínimo

Es el sainete de siempre. El protocolo establecido por la ley favorecerá por siempre a los empresarios y al Gobierno, que simplemente agota el recurso del llamado “diálogo” para al final decretar el aumento previamente pactado con su asociado. Solo en el caso de unos sindicatos áulicos del gobierno de turno se concretará un acuerdo del incremento salarial, mas nunca en contra de los intereses de los asociados. En México se pactó para el 2020 un incremento del 20 % del salario mínimo. Cuando existe voluntad política son otras las variables que se manejan y ellas sí tratan de cerrar la brecha.

María V.

Sobre el salario mínimo II

El salario mínimo es apenas un componente del mercado laboral. Si no se trabaja en promover la flexibilidad laboral para que se haga realidad el pago por horas y su consecuente aporte a pensión y salud, así sea con un valor al salario mínimo, la economía no pelechará. Con todo el progreso tecnológico es posible que alguien que trabaje, por ejemplo, cuatro horas pueda recibir un pago proporcional incluso con todas las garantías laborales. Piénsese en los conductores de taxi, de aplicativos, en los de Rappi, en los empleados de comercio minorista, etc. Son millones.

Helbert Galindo

Envíe sus cartas a lector@elespectador.com.

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