El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Tres cartas de los lectores

12 de mayo de 2021 - 10:00 p. m.

¡Un millón de dólares!

PUBLICIDAD

Eso es lo que el supermegacineasta Ciro Guerra les pide a las periodistas que publicaron las denuncias en su contra. ¡Un millón de dólares por supuestos daños! Desde el principio, Guerra ha dicho que se trata de una conspiración en su contra. Sin embargo, leyendo los testimonios de las denunciantes, me parece clarísimo que quien miente es él. Se sintió expuesto y evidenciado en su canallada y ahora la paga contra… las periodistas. Hasta yo sé que la reserva de la fuente es sagrada, no solo en temas de género, sino en lucha contra la corrupción. Todo el mundo que respete el buen periodismo debería alzar la voz. Quieren silenciar a periodistas que denunciaron a un poderoso. Al hacerlo, quieren callar a cualquier mujer que se atreva a denunciar lo que le ocurrió. Cualquier juez respetuoso de la Constitución no puede permitir que esto siga así. Espero que el resultado sea un no rotundo. Un millón de dólares… por atreverse a cuestionar al rey que andaba por ahí desnudo. Lo que hay que ver.

Helena Montoya. Pasto.

¿Hasta cuándo el paro?

Me parece en exceso optimista El Espectador en sus editoriales. El paro no se detiene porque no tiene un propósito claro. ¿Sabe la gente para qué está en la calle? La molestia es útil hasta que estanca. Y Colombia está estancada. Y los espacios están desabastecidos. Y la economía sufre. ¿Hasta cuándo el paro? ¿Qué quieren, que el presidente elegido democráticamente renuncie? Como diría el poeta liberal: ¡mamola!

Rodrigo Fuentes.

Estatuas caídas

Las estatuas derribadas no pueden entenderse como un acto de vandalismo; son, de hecho, una muestra de cómo el pasado también es un campo de batalla, una disputa constante, una herida abierta. Las narrativas que nos contamos sobre el país que somos son importantes. Cuestionarlas y derribarlas cada tanto es sano. Muestra que no nos vamos a arrodillar ante la idea de que lo que fue fue y ya vámonos a la casa. Es hora de que los colombianos se pregunten por qué sus ciudades están plagadas de homenajes a asesinos. ¿Son respetables solo porque fundaron la patria? ¿No estamos acaso ya maduros como sociedad para seguir creyendo esas tonterías? ¿Por qué los indígenas, que son ciudadanos como usted y como yo, tienen que aguantarse que un asesino de sus ancestros sea celebrado fuera de los museos e identificado como referente nacional?

David Espinosa.

Envíe sus cartas a lector@elespectador.com

Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias