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De la vergüenza a la esperanza

11 de junio de 2011 - 08:00 p. m.

En Bogotá perdimos el rumbo que habíamos construido gobernantes y habitantes.

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Parte de la dirigencia distrital está atrapada en escándalos, decisiones confusas, trancones e inseguridad. El alcalde está suspendido, el personero investigado y el contralor preso. Sin hacer juicios, es evidente la crisis, porque además de la presunta corrupción en la contratación y sus nefastos efectos, hemos estado atrapados en una angustiosa pérdida de tiempo y recursos, mientras se retrocedió en logros, y se olvidó resolver asuntos sociales y urbanos vitales para el desarrollo de la capital.

Miles de niños están afectados por obras iniciadas en sus colegios hace tres años que no terminan y la calidad de la alimentación que hoy reciben es cuestionable. Muchos colegios son sitios comunes de violencia en proporciones graves, y de venta y consumo de droga y alcohol. La explotación en mendicidad infantil es rampante y los habitantes de la calle son parte del inseguro escenario en las calles. Las familias no pueden ir a parques por su deterioro o porque la delincuencia se los tomó.

Estuvimos perdiendo tiempo y gastando plata en estudios de una línea de metro incierta, mientras se deterioraban las vías, la movilidad y la seguridad. Mientras tanto la invasión del espacio público, la ejecución desordenada y demorada de obras de valorización, de dos troncales y ad portas de botar $100 mil millones en una obra por la 7ª que no solucionará la movilidad en esa vía, convirtieron la ciudad en un caos que afecta el bienestar común. Se generaron atrasos irrecuperables en la construcción y operación de nuevas troncales de Transmilenio para movilizar a tres millones más de bogotanos; sistema con problemas de operación que se deben resolver.

El Concejo aprobó un endeudamiento por cerca de $1 billón para una obra incierta y esos recursos se necesitan para inversiones sociales ciertas y prioritarias. Por señalar algunas: construir por lo menos 100 jardines para atender a 50 mil niños menores de cinco años, de los más de 150 mil que no tienen atención; enfrentar la creciente violencia que involucra a adolescentes como víctimas o victimarios, y el drama de centenares de menores embarazadas. Terminar los arreglos en los colegios, arreglar y construir parques y vías, no sólo dañadas, sino las que nunca han sido pavimentadas.

No obstante el desolador y vergonzoso panorama, tenemos esperanzas. La gravedad de la situación obliga a todos a aportar para reconstruir la ciudad. Por eso, en la próxima elección para alcalde debe prevalecer el interés superior de la ciudad, construyendo un programa que integre la experiencia y lo mejor de todos los partidos, gremios, medios y comunidad. Debemos trabajar juntos con generosidad, sin politiquería y sin fundamentalismos; con gerencia, transparencia y oportunidad. Bienvenidos todos los que quieran construir.

 Gilma Jiménez Gómez. Senadora del Partido Verde, Bogotá.

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