Leí con atención el editorial de El Espectador del pasado 10 de febrero (“La libertad de prensa está en riesgo”) sobre el informe de la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP).
La libertad de prensa es un pilar esencial de la democracia. Una ciudadanía bien informada participa y ejerce sus derechos más eficazmente. Defender y afianzar la libertad de expresión es una tarea constante. Esa es la convicción profunda y el compromiso absoluto del presidente Juan Manuel Santos y del gobierno nacional.
Es innegable que el cambio en el tipo de constreñimientos que de acuerdo con el informe de la FLIP restringen la libertad de prensa en Colombia, evidencian un cambio sustancial. Si bien un solo homicidio, una amenaza, son inaceptables, no es menor avance constatar su reducción sustancial en estos años. Las épocas terribles en las que los periodistas eran blanco permanente de grupos criminales y carteles son hoy cosa del pasado. Esa es una buena noticia para Colombia.
Precisamente porque se reconoce que en el marco del conflicto los periodistas han sido víctimas, es que se planteó —en este gobierno— la necesidad de tener una política de reparación para ellos. Más importante aún es protegerlos para evitar que sean victimizados. Con este mismo propósito hemos fortalecido las medidas de protección a periodistas amenazados. Estas políticas públicas como cualquier otra deben ser revisadas y mejoradas permanentemente. Para ello el gobierno siempre está dispuesto a dialogar y escuchar las preocupaciones de los medios y los periodistas.
No puedo sin embargo estar de acuerdo con lo expresado en el editorial respecto de supuestas solicitudes a empresarios para ejercer presión sobre los dueños de los medios. De igual manera, el presidente nunca ha ni siquiera insinuado que uno u otro periodista deba ser promovido o sancionado por sus jefes. Desde el Gobierno siempre hemos evitado relacionarnos con los medios a través de señalamientos, vetos, descalificaciones o de recursos judiciales. El respeto y el trato equitativo a todos los periodistas han sido la regla en las relaciones con los periodistas que cubren la Casa de Nariño. Tampoco se han usado nunca las campañas de información pública del gobierno nacional para premiar o sancionar medios de comunicación.
Quiero finalmente reiterarle que el presidente Juan Manuel Santos tiene absoluto respeto por la libertad de expresión y por la labor de los periodistas, y ese respeto lo compartimos todos los que trabajamos con él en el gobierno nacional.
Camilo José Granada Barrera. Alto Consejero Presidencial de Comunicaciones. Bogotá.
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