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De “Santrich” a Viáfara

27 de marzo de 2019 - 12:00 a. m.

Tres casos reflejan que el alma nacional es racista, clasista, egocéntrica y maliciosa. Andrés Felipe Arias es colombiano prófugo en los Estados Unidos. Por orden de la Corte Suprema debe ser devuelto al país para que cumpla su condena, pero los medios lo han convertido en víctima. Le dedican portadas y entrevistas, en familia o solo, siempre con la foto más tierna que pueda diseñar un artista. En agudo contraste, Santrich es odiado por arrogante y porque se cree que cometió mil crímenes. Lo curioso es que no quieren que responda en Colombia, que se le brinde la oportunidad de contar la verdad, de mostrar arrepentimiento; no, lo que se quiere es que sin miramientos se lo extradite y hay un clamor para que la JEP no se atreva a pedir pruebas. Tal parece que cuando los EE. UU. solicitan a alguien en extradición los derechos constitucionales desaparecen. Que lo despachen y allá que se las arregle es el sentir popular. Excepto si les tocan un familiar o si se trata de un “niño bien”.

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Por eso no ha salido nadie en defensa de un héroe del deporte: Viáfara. Que lo juzguen en Texas. Más bien, su captura suscitó peroratas a lo cura de pueblo. Que sirva de lección para que otros no se desvíen. A nadie le interesa examinar las circunstancias. Como el cuento de Bayer, si son indictment son buenos y basta. Yo creo que nuestro compatriota tiene todo el derecho a defenderse aquí, antes de que lo extraditen, como cualquier requerido en extradición desde cualquier lugar del mundo. Un punto de la defensa es que no tendrá un juicio justo. Y en el caso de Viáfara hay que advertir que lo reclaman en Texas, en donde son racistas y xenófobos, les encanta colgar afroamericanos y se han saltado hasta fallos de la Corte Internacional de Justicia para seguir ejecutando extranjeros.

Es doloroso percibir que se ha apoderado del país una especie de aturdimiento colectivo envuelto en sentimientos contradictorios de odios y rencores, clasismo y extremo egoísmo. Esto es lo que se ha sembrado y lo que está ocurriendo con la extradición es el reflejo de esa indolencia del alma. La gente simplemente acepta la doctrina que presume culpable a quien sea solicitado en extradición y que pregona que se lo debe despachar sin miramientos, para que se defienda donde lo acusan. Para esos casos el debido proceso no se maneja; no aplica. Esta jurisprudencia estilo inquisición es válida con restricciones: en realidad solo opera si el requerimiento proviene de los Estados Unidos. Hay otra excepción a la excepción: los “buenos muchachos” no deben ser extraditados. Esto es lo que destila en el caso de Andrés Felipe Arias. Y lo absurdo es que no se trata de extradición, sino de regreso a su propio país.

José Joaquín Gori Cabrera.

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