En relación con el editorial del 16 de diciembre del presente año (El Espectador, “Pretelt, ante el Senado”, 12/17/15), me permito hacer las siguientes precisiones:
1. Como abogado del magistrado Jorge Pretelt, nunca he tratado de sabotear ni de alargar el proceso que se sigue en su contra. Soy el primer interesado en que la verdad se conozca cuanto antes, pues estoy convencido de la inocencia de mi cliente; certeza que se sustenta en pruebas y no en chismes, malquerencias o posiciones ideológicas sesgadas.
2. Contrario a lo que el editorial afirma, jamás he implementado “excusas procedimentales para obstaculizar el avance del proceso”. Si lo que pretende es que no me inmute ante las constantes violaciones al debido proceso de las que ha sido víctima el doctor Pretelt, déjenme decirles que no puedo complacerlos.
3. No hubo el tal “festival de recusaciones” al que el editorial hace referencia. Los recusados fueron 15 representantes, menos del 10% del plenario de Cámara.
4. Si hacer mi trabajo, invocando las normas nacionales e internacionales que protegen el debido proceso, propendiendo con ello por un juicio justo para mi prohijado, tratando de evitar un linchamiento propio de las ordalías, puede ser considerado como “leguleyadas”, entonces, apague y vámonos: se acabó el Estado de Derecho.
5. A su juicio, el Congreso está haciendo las cosas bien y nosotros nos hemos inventado el “discurso de falta de garantías”. Si a ustedes no les parece grave que quienes emitieron juicios de valor adversos a Pretelt antes de tener el sumario en sus manos hayan votado en su contra (principio universal del juez imparcial), si les resulta normal que los congresistas no leyeran el expediente para decidir y que de paso no hayan dejado intervenir al suscrito (aprobando la acusación a pupitrazo) y que además no resolvieran las nulidades planteadas para evitar, con ello, viciar el proceso, permítanme decirles, con todo el respeto, que están equivocados.
6. Que la grosera intervención del presidente de la República y otros altos funcionarios del Estado, presionando al Legislativo para que “acelere” el proceso contra Pretelt (léase: para que lo saquen del cargo cuanto antes), no merezca un editorial de El Espectador, no significa que dichas actuaciones deban ser toleradas en una democracia con una definida separación de poderes.
No soy defensor para agradar a la sociedad y a los medios comunicación: estoy en esto por mi compromiso con la justicia, en desarrollo de una pasión fervorosa por el derecho y, por supuesto, para honrar la confianza depositada en mí por aquellos que creen que puedo ser parte de la solución de sus problemas.
Para terminar, les recuerdo que no solamente se hace justicia cuando se condena al culpable, sino también, y en mayor medida, cuando se absuelve al inocente. Yo seguiré haciendo lo que es menester, a pesar de la incomprensión y los ataques injustificados. Solo espero que cuando Jorge Pretelt sea declarado inocente, ustedes tengan a bien rectificar el prejuzgamiento del que ha sido objeto.