La nota de El Espectador así titulada (2012-03-04) reproduce, por sí o por terceros, dos falacias.
La primera, relacionada con la presunta “politización de la justicia”, mediante la cual se oculta voluntariamente que la degradación política producida por la “dictablanda” uribista, generó precisamente lo contrario, esto es, la judicialización de la política llevando a los estrados judiciales la incapacidad de los partidos y sus militantes por hacer política. La segunda, que la disposición ciudadana a demandar, del Estado o de particulares, sus derechos, triunfo neto de la Carta de 1991, sea un fenómeno que amenaza con la “desinstitucionalización” del país, siendo cierto lo contrario. Después de una Colombia manipulada por grupúsculos económicos y políticos, la sociedad presente comienza a depositar en las instituciones la salvaguarda de sus derechos ocurriendo, para nuestro pesar eso sí, que algunas de ellas se encuentren frágilmente preparadas para recibir adecuadamente la avalancha de acciones ciudadanas represadas por siglos.
Bernardo Congote. Bogotá.
El Día de la Mujer
El tema que acaparó la atención fue la declaratoria de nulidad de la elección de la fiscal, Viviane Morales, una mujer que alcanzó tan alta distinción después de una trayectoria profesional ejemplar, valiente y decidida. Por tanto, día a día respondía a las expectativas sobre alguna determinación de fondo del ente investigador con toda la transparencia que le fue posible.
No obstante, algunos sectores de la sociedad se estrellaron contra ella y uno no deja de inquietarse si es por su condición de mujer; como lo dijo Clara López Obregón: “esto a un hombre no le habría pasado”, envidia por su inteligencia y agilidad, o quién sabe por qué. En todo este episodio fue triste descubrir que otras mujeres, igualmente inteligentes, brillantes, conocidas y reconocidas en el país, formaron parte de ese coro ignominioso que contribuyó con uno y otro argumento a que pasara lo que pasó. Quizás ahora se sientan “plenas” María Isabel Rueda, María Jimena Duzán y María Elvira Samper —y había más—.
Y entre los hombres que se sobrepasaron en sus diferentes apreciaciones, lo que nos demuestran es su inevitable machismo disfrazado de intelectualidad y respetabilidad, en el fondo tan temibles como los que se portan a lo Bolillo.
Mi inquietud obedece a la proximidad del Día de la Mujer. A muchas mujeres nos aguaron la fiesta. ¿Qué sentido tiene entonces la festividad del 8 de marzo, si en nuestras narices irrespetan a una mujer de prestigio y muchas mujeres tampoco demuestran solidaridad de género en asuntos de la intimidad del corazón?
Ana María Córdoba B. Pasto.