La pandemia nos cambió a todos, cambió cada aspecto de nuestras vidas, incluso cambió cosas que personalmente como abogada no pensé que a corto plazo cambiaría. El sistema jurídico de Colombia se vio catapultado por la emergencia sanitaria, el reto que imponía la administración de justicia no iba a resultar tan fácil y es que francamente como abogados nos estábamos preparados para hacer una transición hacia la era digital. Recuerdo muy bien que antes de la pandemia tocaba acercarse al juzgado a esperar por el expediente del proceso, subir y bajar mil veces las escaleras del tribunal, esperar y rogarle al creador del universo para que el proceso tuviera algún avance, incluso uno de mis profesores como parcial nos hizo aprender cómo “amarrar” un expediente (y cómo evitar un regaño de la secretaria del juzgado). Los dependientes judiciales de hoy y del futuro no sabrán como “amarrar” un expediente (chiste jurista), ya que gracias a la entrada en vigor de la Ley 2213 de 2022 hoy los expedientes están digitalizados. Este hecho nos enfrentó cara a cara con la implementación de las TIC en los procesos judiciales y en todas las ramas del derecho, pero también con la necesidad de reflexionar respecto al futuro de nuestra carrera y con la desregularización que actualmente existe frente a muchos de los avances tecnológicos. Vemos que tecnologías como el blockchain y los criptoactivos han hecho temblar las bases jurídicas. En este sentido, como abogados tenemos un gran compromiso con nuestra profesión y es que necesariamente debemos ir a la vanguardia de la tecnología. El derecho a través de la historia se ha caracterizado por ser cambiante, pero sobre todo por avanzar e innovar conforme va avanzando la sociedad. Sin embargo, es necesario que visionemos lo que puede ocurrir en el futuro; más aún, que nos preparemos para cualquier cosa que en algún momento dado pueda resultar un problema jurídico.
Hace unos días leía sobre el nuevo software gratuito denominado Juez Inteligente, el cual a partir de tres aspectos: credibilidad, pertinencia y peso probatorio, podría guiar a abogados, estudiantes, fiscales, magistrados o jueces respecto a si una hipótesis es más o menos probable, lo que también me hizo pensar sobre el futuro de la profesión como abogados. Si la emergencia sanitaria no hubiese ocurrido, lo más probable es que siquiera a mediano plazo se hubiesen implementado las tecnologías de la información en la administración de justicia, y así es probable que pase con muchos otros sucesos desatados por la tecnología que pueden dar un vuelco al derecho. Vemos cómo los softwares están reemplazando fácilmente nuestra labor y es en este punto donde necesariamente debemos plantearnos qué haremos frente a esto, aunque la respuesta inmediata sin duda es “derecho inteligente”.
Maryna Isabel Molina Romero.
Envíe sus cartas a lector@elespectador.com