No. Está agazapado. Después de que la masa crítica se le salió de madre en la Plaza de Bolívar durante días, que sintió interminables, se ha ido a sus cuarteles de invierno.
Tal como es propio de los suyos, se encuentra urdiendo tras bambalinas los próximos golpes. Una inauguración por allá, unos regalitos por acá, algún edicto colgado al desgaire en una cartelera secretarial. Ningún discurso, ninguna declaración, ninguna resolución emitida a mandoblazos, ninguna sonrisa mefistofélica.
Él y los suyos son artistas para acudir al boato, del órgano tronante, del oro, el incienso y la mirra, cuando se les desnuda su incapacidad para afrontar las increpaciones filosóficas que merecen sus dobleces. La pólvora, las pajitas, el rebuznar y el mugir de humildes bestias les caen como anillo al dedo para irse a tramar.
Las bambalinas, los biombos y los confesionarios se preparan en diciembre para el golpe de mano sacrificial de los días santos, cuya cuaresma contabilizan con ansias de novia prima. Él y los suyos están entrenados para pasar, como lo vemos, del dragón que bota fuego en todos los medios todos los días, a la sutil y coqueta salamandra que se alza veloz y a hurtadillas por las cornisas.
Saben distraer al rebaño, amansarlo, acallarlo y someterlo con joyas, catedrales, luces y caricias a los niños (¡Ah! ¡Los niños!). Saben que cuando sus ovejas balan, es hora de callar. Saben que llegada la hora del sermón, truecan su silencio en fuego dragoneante, exterminador, implacable, vengativo. No se distraigan. Sólo está agazapado.
Bernardo Congote. Bogotá.
Una exageración
Soy suscriptor hace varios años y me parece que en la edición de hoy (23 de diciembre) exageraron incluyendo un cuadernillo de 20 páginas de Salud Total.
Luis Páez. Bogotá.
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