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Desconcertados y descentrados

21 de marzo de 2012 - 06:00 p. m.

Salvo su posición frente a la exfiscal Viviane Morales, la que no compartí ni un ápice, siempre he sentido respeto y admiración por la periodista de este diario Cecilia Orozco Tascón, por sus columnas y reportajes críticos, directos y abiertos.

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Me llamó especialmente la atención su columna del pasado 14 de marzo, “¿Desconcertados o descentrados?”, en alusión al modo de proceder del actual mandatario de Bogotá, Gustavo Petro. Lo que la periodista anota sobre el señor alcalde de Bogotá es aplicable, quizás, a muchos burgomaestres de Colombia. Sólo es dar una mirada al panorama nacional y la situación de desconcierto entre la ciudadanía es general.

Pasto es uno de los muchos ejemplos que se pueden mostrar donde el alcalde ni suena ni trina. Nada de nada, y la ciudad más desbaratada que nunca, llena de huecos y rumores desesperanzadores. Y en otras regiones importantes del país, tampoco dan gran ejemplo. Allí está Antioquia, enfrascada en el espejo retrovisor. Lo de El libro blanco estaría de perlas si se hiciera con discreción; al final mejor presentar una especie de paralelo… pero se ponen a pelear en vez de gobernar, a trinar en vez de buscar soluciones, a buscar prensa, en vez de sentarse con el equipo a proyectar.

Parecería que la misión primera de los alcaldes y gobernadores electos es hacerse a una imagen de pulcritud y trabajo; pero logran el resultado contrario. Tanta declaración, tanto anuncio, tanta publicidad, ¿para qué? La ciudadanía quiere hechos concretos: esto significa que si las obras se comenzaron… deben terminarse. Que si los proyectos se aprobaron, deben ejecutarse; que si la plata faltó, debe gestionarse recursos. Y si en medio de todo esto van saliendo aspectos cuestionables, pues para eso están las autoridades: hagan el respectivo denuncio, sin prensa amarillista, pero con una información clara y precisa de los acontecimientos.

Parecería también que alcaldes y gobernadores buscan afianzar primero su ego, y el tiempo pasa, por lo menos llevamos ya tres meses. Se parecen a esos camiones que encienden motores a la madrugada para hacer el escándalo de que ya arrancan de viaje, y nada, sólo logran fastidiar a todo un vecindario. Lo que quiere uno es verlos en su carretera.

Ana María Córdoba Barahona. Pasto.

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