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“Dios es grande”

23 de diciembre de 2015 - 09:44 p. m.

Las noticias novembrinas registraron que, en al menos dos de los atentados parisinos, la frase “Dios es grande” fue esgrimida por los asesinos cuando disparaban sus fusiles.

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Un editorial de El Espectador comentando estos sucesos (“Anda suelto el terror”, noviembre 16), entre otras bien se preguntaba: “¿Cómo enfrentar a estos grupos que, bajo el ropaje del fundamentalismo religioso, intentan… llevar a cabo su yihad, o guerra santa, contra el mundo infiel?”, sólo que sin responder su propia pregunta y desviándose hacia viejas y cansinas explicaciones que, como sigue probándose, en nada contribuyen a desatar este aparente nudo gordiano.Soslayar la influencia del fundamentalismo religioso cada vez que los fundamentalistas disparan sus armas invocando a sus dioses, desviaría la opinión porque en la escena misma de los crímenes podríamos hallar la prueba reina de sus causas. Ahora la yihad, ayer las Cruzadas. Antier romanos contra cristianos y sicarios cristianos matando a prósperos romanos. Luego católicos masacrando protestantes en la nefasta noche de San Bartolomé, repitiendo lo de Wassy. Y también católicos acolitando el exterminio de los nativos americanos carentes, según aquellos, de alma. Hoy también judíos y musulmanes se exterminan en Palestina. Y, contragolpeada de nuevo, Francia llama a destruir al Estado Islámico luego de que éste asesinara indiscriminadamente en París.Con el paso de los tiempos Oriente y Occidente se han venido matando acusándose mutuamente de “impíos” o “infieles”. Coincidencia que podría ayudar a entender que ambas partes estuvieran equivocadas. Pero ¿cómo demostrar esta equivocación en asuntos de creencias religiosas que, de entrada, eliminan toda posibilidad argumentativa susceptible de ser validada o falseada? ¿No es acaso la creencia, por ello mismo, una categoría opuesta a todo argumento racional? ¿Cómo se podría creer y pensar al tiempo?¿Cómo desatar este nudo si la razón no ha podido ni podrá hallar espacio en medio de las creencias religiosas? ¿Podría ocurrir entonces que sólo la violencia sea capaz de dirimir cuál de todos los impíos sea mejor que el otro de modo que el creyente capaz de exterminar al otro tenga, al final, la solución? Si es imposible llegar a acuerdos racionales entre si Cristo o Mahoma, entre si Buda o Brahma, dado que sus defensores no poseen razones a favor de alguno sino apenas creencias, esta coyuntura justificaría el exterminio como una oscura salida del laberinto…A no ser que de alguna forma los defensores de todas las creencias depusieran sus armas y, convencidos del laberinto exterminador al que nos están conduciendo, optaran mejor por una solución humanista aceptando que a todos nos conviene el triunfo de Eros, la vida, sobre Thanatos, la muerte. De alguna forma en un utópico futuro, la voluntad de poder podría conducir a que el hombre aceptara que siendo los dioses invento suyo, la violencia religiosa sea una patología extrema que, teniendo por falsa solución el exterminio del otro, no admite triunfador. La humanidad tendría la obligación de aceptar la irracionalidad de la violencia sobre todo inspirada en creencias defensoras del amor. Esta salida sería más fuerte que cualquier otro argumento geopolítico o geoeconómico.

Bernardo Congote.

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