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Diplomacia científica y la vacuna contra el COVID-19

09 de abril de 2020 - 12:00 a. m.

La diplomacia científica es el uso de colaboraciones científicas entre naciones para abordar problemas comunes y construir asociaciones internacionales constructivas. En el contexto de la pandemia de COVID-19, la diplomacia científica está siendo usada para unir esfuerzos y buscar una vacuna que ayude a aliviar la crisis.

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En efecto, gran parte de los empeños científicos para buscar una vacuna que ayude a mitigar los efectos nocivos para el ser humano los está liderando la Coalition for Epidemic Preparedness Innovations (CEPI) o, en español, la Coalición para la Preparación de Innovaciones para Epidemias. La CEPI no es una farmacéutica internacional como Johnson & Johnson o Pfizer, es una ONG creada en 2017 por una alianza global que reúne a entidades públicas, privadas y de la sociedad civil. Sus fundadores fueron los gobiernos de Noruega e India, con la Fundación Bill & Melinda Gates, el Wellcome Trust y el Foro Económico Mundial. Posteriormente, ha recibido recursos del Reino Unido, Alemania, Japón, Canadá, Etiopía, Australia, Bélgica, Dinamarca, Finlandia y de la Unión Europea.

Desde su creación, la CEPI ha tenido un objetivo claro: desarrollar vacunas para enfrentar epidemias. Lo anterior, reconociendo que, en un mundo caracterizado por la densidad de población y su alta movilidad, las enfermedades infecciosas como el COVID-19 no reconocen fronteras y nos pueden afectar a todos.

Por considerar que el COVID-19 implica una situación muy delicada para la humanidad, desde sus oficinas en Oslo (Noruega), Londres (Reino Unido) y Washington (Estados Unidos), la CEPI hizo un llamado urgente para obtener financiación por US$2.000 millones para aumentar las posibilidades de encontrar una vacuna efectiva contra el virus. Sin una inversión adicional inmediata, la CEPI afirma que no podrá continuar apoyando sus programas y desarrollar una vacuna que el mundo necesita. Frente a este llamado, reaccionaron los gobiernos de Noruega y de Reino Unido, entre otros, con aportes de US$210 y US$270 millones, respectivamente.

La estrategia que está implementando la CEPI para buscar opciones de vacunas contra el coronavirus ha sido colaborativa. Por ello, ha hecho alianzas con el Instituto Pasteur, la empresa Themis y la Universidad de Pittsburgh de Estados Unidos. También ha estructurado otras alianzas con empresas como Curevac, Inovio, Moderna, Novavax, e instituciones como la Universidad de Hong Kong, la Universidad de Oxford y la Universidad de Queensland. Sin embargo, llama la atención que la CEPI no ha buscado o no ha encontrado colaboración ni con universidades ni con gobiernos latinoamericanos; por ende, se destaca la ausencia de investigadores científicos colombianos en dichas colaboraciones.

Pese a los recursos con los que cuenta la CEPI y su capacidad de convocatoria, sus directivos han manifestado: “Siendo realistas y cumpliendo con los protocolos científicos, se espera que en 12 o 18 meses se podrá entregar una vacuna efectiva contra el coronavirus”.

Dada la realidad de la situación que nos presenta la CEPI, es válido hacer una reflexión profunda sobre la forma en que gobiernos como el colombiano están invirtiendo sus recursos de ciencia, tecnología e innovación frente a esta crisis. ¿No valdría la pena colaborar con estos grandes proyectos en lugar de invertir en pequeñas iniciativas locales de dudoso impacto frente a la magnitud de la pandemia?

María Piedad Villaveces

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