El director de la CAR Cundinamarca, Néstor Franco, en Antieditorial de su diario del 13 de mayo, proclama que la conservación ambiental de los cerros orientales no debe reñir con brindar calidad de vida digna a quienes los habitan.
¡Qué maravilla!, un ambientalista, un defensor de reserva forestal, de recursos hídricos, que comprende su misión desde la perspectiva humana, preocupado por la interrelación verde con la calidad de vida.
¡Pero es sólo discurso!, pues prescinde de él cuando tiene oportunidad de actuar frente a los mismos cerros orientales. Hablo del sendero de la quebrada La Vieja que disfrutaban intensamente los bogotanos; no tiene ningún reparo la entidad –de la cual él es el director– en mandar a clausurar ese camino público –por segunda vez, en los últimos años–; mantenerlo cerrado por meses, ¿era indispensable, para realizar estudios de carga, prohibir el paso de los caminantes?; ¿eran los ciudadanos los que debían ser sancionados porque el Acueducto, como administrador del sendero, no presentó unos estudios? ¿Por qué sigue vedado si el Acueducto ya cumplió con todas las exigencias de la CAR, desde abril pasado?
Es sabido y padecido el enorme déficit de áreas verdes de Bogotá; de la necesidad de sus habitantes de disfrutar los senderos; ha de ser política pública promover su apropiación por parte de sus ciudadanos, que sus senderos sean incorporados a su vida cotidiana; que los cerros sean parte del perfil urbano, como el mar lo es de las ciudades costeras; la sentencia del Consejo de Estado (C.E. 5.11/2013) les da vocación de parque urbano a las zonas de adecuación de los cerros.
Ante ello es insensible el director de la CAR. Es posible que ella se agote con el campesino bogotano, del que se duele en su Antieditorial, por haber sido abandonado por el Distrito y desconocido por habitante urbano, del que dice despectivamente: no pocos defensores de los cerros abren sus ventanales en la Circunvalar para gritar a viva voz en defensa del verde de ese paisaje, ignorando que allí también hay ciudadanos asentados hace cuatro o cinco generaciones.
Pero no es cierto, el director, en sus exigencias al Acueducto, pide medidas para la no afectación de los vecinos directos e indirectos del sendero quebrada La Vieja. Aquí saltan dos inquietudes: ¿Es realmente la CAR la entidad que debe regular un área con vocación de parque, asumiendo medidas regulatorias sobre espacios públicos urbanos? ¿Qué tanto los defensores de los cerros, los que él conoce, los que abren sus ventanas sobre la Circunvalar, defienden los cerros?; circula el rumor que bien puede desvanecer la CAR, que la actitud de esta entidad hace eco de las presiones de vecinos de la quebrada, incómodos con que por sus exclusivas calles circule el pueblo, los visitantes venidos de otros barrios.
Eduardo López Villegas
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