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Discursos prejuiciosos en la pandemia

23 de abril de 2020 - 12:00 a. m.

Los números relacionados con el COVID-19 están creciendo en América Latina, y los Estados y las grandes ciudades también están aumentando las restricciones en la cuarentena. Extender el período de aislamiento, comercio parcialmente cerrado y restricción de salida según el sexo. Bogotá ha optado por definir días específicos para que hombres y mujeres vayan al mercado, farmacia u otras actividades de primera necesidad o urgencia. El objetivo es reducir aún más el número de personas en las calles y así evitar el contagio, que según las cifras aumenta. Como ejemplo práctico, es algo así: las mujeres salen en días pares y los hombres en días impares.

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¿Y cómo están las personas trans que todavía no tienen documentos actualizados con su sexo actual? Los organismos responsables han declarado que se respetará la identidad de género de cada persona. Lo que es perfecto en teoría; sin embargo, en la práctica es un escenario propicio para el abuso, acoso y, en el peor de los casos, violación, tanto para aquellos que inspeccionan la restricción como para el resto del público. En las redes sociales, incluso en lives de líderes de opinión, el tema se discutió con controversia. Pero no se hablaba sobre cómo se impuso la medida obligatoria, sino si la comunidad trans respetaría la determinación. La crítica era que ellas y ellos podían salir todos los días, a veces usando la figura femenina, a veces la masculina, en muchos casos con un tinte sarcástico, burlesco y discriminatorio.

La historia nos dice que en tiempos de presión y conflicto, los discursos de odio tienden a aumentar. Esto ocurrió en 2011, cuando los españoles culparon a los judíos de la crisis financiera, por el control del dinero y el poder. En 2015 y 2016, alemanes y escandinavos se fueron contra sirios y africanos, cuando aumentó la llegada de los refugiados. Lo mismo ocurre en contra de gran parte de los venezolanos que están habitando en Colombia, así como una actitud resentida al culpar a los chinos de la pandemia (sin evidencia). Sin ser esto suficiente, una parte de la población ahora ve a la comunidad trans a través de un supuesto privilegio, que se convierte en motivo de discriminación, también, basado en supuestos y creencias en torno a la construcción de la identidad de género, como si esta fuera un juego para quienes han trascendido el binarismo.

Son actitudes como estas las que nos recuerdan la efectividad de la educación sexual en las escuelas. Una persona trans construye su identidad de género a partir de la manera como se siente, independientemente de su asignación genital. Una mujer trans no se levanta de la cama y piensa: hoy voy a ser hombre. Así no es como funciona. Una mujer trans es una mujer. Un hombre trans es un hombre. Esta comunidad ha sido excluida de varias maneras durante décadas, incluso por parte del gobierno. Justo ahora, en el momento en que toda la sociedad necesita ayudarse entre sí, es cuando el respeto y la inclusión pueden ser un factor posibilitador de nuevos escenarios en los que todos somos parte del mundo y de la solución a un problema que nos afecta a todos.

Diogo Cavazotti Aires. Periodista brasileño, magíster en Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario de la Universidad Católica de Colombia.

Juan José Cubillos Monje. Psicólogo de la Universidad Surcolombiana.

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