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Dos cartas de los lectores

20 de septiembre de 2016 - 02:43 p. m.

¿Metro al fin?

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El sí presidencial al metro bogotano no es más que una juerga populista. Como tal, su incumplimiento no extrañará.

La política del fiscal

Se veía venir, por los diferentes comentarios expresados en relación a la no acertada elección de Néstor Humberto Martínez como fiscal general de la Nación, por sus nexos con poderosas empresas privadas de las cuales él es abogado y, por tanto, obediente a sus mandatos.

El brillante periodista y abogado liberal Ramiro Bejarano señala en su columna del diario de El Espectador, “Conejazo a la vista” (18/9/2016), lo que podría llamarse la punta del iceberg de sus actuaciones políticas, no precisamente relacionadas con su oficio, al hacer contradictorias consideraciones respecto a lo planteado en los acuerdos de La Habana.

Ya había causado sorpresa el deseo del fiscal de abrir el diálogo respecto a la aspersión aérea con glifosato, cosa del pasado que mostró su inutilidad, fuera del daño que ocasiona a los seres humanos, como lo ha señalado la Organización Mundial de la Salud, además del daño al ecosistema.

El problema del tráfico de las drogas ilícitas no puede conocerse desde un escritorio en Bogotá. El punto cuarto del Acuerdo muestra la profundidad del mismo y señala que para su erradicación definitiva, desde el punto de vista de los derechos humanos, salud pública, para la paz y en el marco de la reforma rural integral, lo que debe resolverse, en principio, es la siembra de los cultivos ilícitos, para lo cual se requiere contar con la participación de los cultivadores, propiciándoles otros medios de subsistencia y asistiéndoles en sus necesidades para un buen vivir, fuera de otras acciones a tomar, pero no dice en ninguna parte acudir a la aspersión aérea, detalle que no puede ignorar el fiscal.

Asombra, entonces, que conociendo el tema, a una veintena de días del plebiscito, venga solitario, contrariando el querer del jefe de Estado pactado en el Acuerdo, a plantear una situación ya superada, lo que permite pensar que está obedeciendo órdenes de su jefe político Germán Vargas Lleras, quien juega a la doble, “Sí”, para no contrariar los planes del gobierno, pero poniéndole palos a la rueda del Acuerdo. Así las cosas, no es conveniente que Vargas Lleras sea el presidente de la República para el posconflicto.

Envíe sus cartas a lector@elespectador.com.

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