Un comentario sobre la visita del presidente francés a Colombia, y una interpretación del efecto real de un editorial.
Sobre la visita francesa
Al revisar la prensa francesa del día de ayer y de hoy, no se encuentra una sola mención a la visita de Monsieur Hollande a Colombia. Pasó desapercibida sin pena no gloria. Para la prensa francesa seguramente esta visita a Colombia era un viaje de turismo de su presidente.
Roberto Moreno Z.
Sobre un editorial
Si lo que buscaba el editorial “La confesión de Rafael Uribe Noguera” (El Espectador, 13/01/17) era mostrar la gravedad del fenómeno de abuso sexual, al denunciar que el caso de la niña Samboní no es una excepción según palabras de la ONU, logra todo lo contrario. Difícilmente se va a encontrar un caso similar precisamente porque los otros 21 casos diarios en su casi totalidad son cometidos por alguien de la familia o cercano a ella. Todas la estadísticas corroboran que la casi totalidad de casos de abuso sexual son cometidas por personas que tienen poder sobre la o el abusado y es por eso que el silencio y la falta de denuncia son la característica más común.
Lo que logra el editorial es reforzar la idea equivocada de que los abusadores son personas extrañas que secuestran y abusan. Eso también ocurre, pero claramente son casos aislados que distraen del problema central y alimentan el imaginario equivocado.
Como bien lo menciona el editorial, el problema está asociado al machismo imperante en nuestra cultura, pero olvida señalar que ese machismo se manifiesta en la casi totalidad de los casos entre conocidos, que es precisamente lo opuesto a lo que ocurrió con la niña Samboní.
Para uno es más fácil imaginar y odiar y pedir cadenas perpetuas contra ese “otro”, en este caso niño rico, que contra un pariente, un padrastro, un papá, un amigo, un marido o un vecino que son quienes perpetran el abuso sexual casi siempre. Con esta falta de rigor al describir los fenómenos logramos lo mismo que sucede con los accidentes de tránsito cuando “odiamos” y pedimos castigo para el que se accidentó borracho y ocasionó una tragedia, pero al tiempo somos condescendientes con quienes a nuestro lado manejan después de haber tomado.
Lo grave del abuso sexual es que los agresores no son monstruos extraños que acechan a nuestros hijos, lo grave es que son personas como nosotros, cercanos, amigos, que no se sienten sancionados sus comportamientos machistas porque nosotros se los permitimos y, cuando pasan la raya, no denunciamos por miedo, por complicidad o por ignorancia. Ese es el problema y un editorial como este lo oculta y alimenta un falso imaginario.
Hernán Salamanca U.
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