Sobre la carta de Álvaro Uribe
Considerando la carta de los lectores de este diario proveniente del expresidente, deseo precisar algo:
A dios lo que es de él y al César, lo suyo. Cómo no reconocerle la autoría al entonces senador Álvaro Uribe Vélez de la tristemente célebre Ley 100 que, queriendo superar las estadísticas desfavorables de cobertura de la salud en Colombia, logró sí –y de qué manera– desnaturalizar este servicio (en tanto derecho), convirtiéndolo en el más rentable negocio (para los inversionistas del sector), que “favoreció a toda la población colombiana al abrirles las puertas de las clínicas de los ricos a los ciudadanos menos favorecidos”. Pero, para que se murieran en sus puertas, haciendo colas o presas de los ya normalizados paseos de la muerte.
Y en el tercer párrafo de su misiva se ufana de seguir siendo “defensor de la rebaja de los impuestos a todos los colombiano” (“no solo a ricos y terratenientes”), lo que seguro ensayó como laboratorio exitoso en su doble mandato presidencial (¡!), que remató con la erradicación del recargo de horas nocturnas para los trabajadores, que no se tradujo en aumento del empleo; al buen estilo del sociópata.
Y no podía faltar la estrategia de la reiteración “cansona” por cierto, con acento irascible, del ardid o artificio del “castrochavismo y entrega del Estado por el presidente Santos a los terroristas de las Farc”, cuando precisamente ésta transita a la vida civil sin armas. Argumentos: Ninguno. Abundancia de frases hechas y de peyorativos efectistas, sí. Y traer de los cabellos, vocablos y conceptos de los documentos oficiales del Gobierno o de los acuerdos de paz con la Farc, para demonizarlos, asignándoles connotación perversa, tal el caso de “desconcentrar la propiedad de la tierra”, que sencillamente equivale a poner límites a la escandalosa tenencia monopólica de la tierra (de la que él, Uribe Vélez, es paradigma), abriendo puertas para su democratización en el marco de la vigencia (racional) de la propiedad privada, que no prive a los demás de ese mismo derecho.
Ramiro del Cristo Medina Pérez.
Movilidad
Ante la anarquía reinante en el manejo de carga, la paralización de importantes vías por un choque simple o una protesta y el colapso en la movilidad en toda la ciudad, llegó la hora que la administración y el Concejo de Bogotá revalúen la gestión que adelanta la Policía en materia de tránsito en la ciudad. Es notoria la falta de presencia inmediata en resolver accidentes; permisividad y pasividad ante conductores y peatones que transgreden las normas de tránsito y la corrupción en la no imposición de comparendos entre otras, lleva a considerar en ampliar las funciones de la Secretaría de Movilidad y llamar a concurso a tantos funcionarios del Distrito para que se integren como nuevos agentes de tránsito, así como una policía cívica que contribuya a mejorar el rodamiento y comportamiento de ciudadanos y conductores.
Francisco Javier Cajiao Gaitán.
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