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Dos cartas de los lectores

26 de junio de 2017 - 09:00 p. m.

De quién es la tierra

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En un proceso de paz como el que vivimos, el Gobierno, con una visión de mantenerla a futuro y generar un atractivo real a los desmovilizados, tiene una herramienta fundamental que se llama la tenencia de la tierra y su productividad. ¿Cuánta tierra posee el Estado en baldíos, en improductivas y en adquiridas por extinción de dominio, que puede ser entregada a reinsertados fomentando la cohesión social a través del cooperativismo?

Para eso tiene que crear un grupo interinstitucional entre catastro nacional (IGAC), oficinas de registro e instrumentos públicos y notarías. Cruzando esos datos encontrará valiosa información, especialmente en zonas de alto índice de desplazamiento, para concluir quién se quedó ese territorio al final, llámense Farc, paras o simplemente caciques o gamonales.

El común pedimos a gritos que se conozca la verdad. Que el Gobierno se proponga en el corto tiempo que le queda sacar adelante esta investigación.

Franca Benavides. Bogotá.

Oponerse a la dictadura

Las familias y empresas de Venezuela están sufriendo la vitanda realidad que les trajo el cambio brusco de un día para otro de su modelo institucional, donde se perdió la independencia de las ramas del poder, que cuando se confunden en una sola persona es el comienzo de una dictadura feroz y atrevida. Recordemos que los dictadores llegan a creerse elegidos y bendecidos por fuerzas ultraterrenas, y ello es de alta peligrosidad para la convivencia pacífica y la armonía social. A ellos lo único que les interesa es el poder.

En todo este asustador mar de anormalidad de la democracia hay que volver a destacar el editorial de El Espectador del 26 de octubre de 2016, que deja nítidamente explicado lo que pasa en la tierra de Bolívar, cuando expuso hace ocho meses “un Gobierno que cada vez más parece una dictadura. Como lo dijera el secretario general de la OEA, Luis Almagro, ‘sólo las dictaduras despojan a sus ciudadanos de derechos, desconocen el Legislativo y tienen presos políticos (…) hoy estamos más convencidos que nunca del rompimiento democrático en Venezuela. Es hora de tomar acciones concretas’. Salvo contadas excepciones, no parece que los países de la región estén dispuestos a tomarlas. ¿Qué más hay que esperar?”.

Todo ello es sintomático de la grave situación en que se encuentran las libertades del ser humano o de los ciudadanos, a los que se les prohíbe por la fuerza hacer uso de la protesta lícita y normal por la grave situación del país.

Lo de Venezuela muestra a las claras que una mala dirección de la economía conduce a las familias y a las empresas a climas indignos, insoportables y humillantes, lo cual debe conducir a una férrea oposición de la sociedad, que paralice todo, para que los que conducen pésimamente se tengan que ir por sustracción de materia. Eso es lo que merecen las dictaduras.

Rogelio Vallejo Obando. Bogotá.

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