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Dos cartas de los lectores

25 de julio de 2017 - 09:00 p. m.

Sobre una columna

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El pasado sábado, en su columna titulada “La patria boba de los desfiles militares”, Nicolás Rodríguez alegó que los desfiles son una forma soterrada de desconocer injusticias como el servicio militar obligatorio para los jóvenes de bajos recursos. Desconoce el columnista que, en muchos casos, el tiempo de servicio permite a los jóvenes de remotas veredas aprender a leer y a escribir, aprender artes y manualidades y a ser mejores ciudadanos.

Quisiera recordarle al señor Rodríguez, quien encuentra una relación fálica, la frase del gran Napoleón: “Las armas tienen muchas funciones, una de ellas no es sentarse sobre ellas”. Las armas y los desfiles tienen una función fundamental: llamar al patriotismo de los ciudadanos para la defensa de su terruño cuando ello sea necesario. Otra razón importante de un desfile es atraer a los jóvenes y jóvenas (palabra del señor Maduro, no mía) para ingresar al servicio militar y/o policial de la nación.

Muchos bogotanos acudimos presencialmente al desfile. Otros más lo vieron por televisión o acudieron en las diferentes ciudades del país donde se replicó el evento. Poca atención se dio a esta importante presencia masiva de ciudadanos. Me pregunto: ¿qué tal se hubiera tratado de una manifestación política? ¿Habría dado el señor Rodríguez el mismo tratamiento despectivo que dio al desfile militar del 20 de julio?

Diego Ernesto Villamizar Cajiao. Coronel profesional de Reserva Ejercito Nacional.

A propósito de los 90 años de Fedecafé

Ahora que la Federación Nacional de Cafeteros celebró sus nueve decenios con el Primer Foro Mundial de Productores de Café, en Medellín, es de toda validez resaltar la historia de genuinos prohombres que la lideraron y que jamás podrán quedar en el olvido.

Me refiero a Manuel Mejía Jaramillo, “Mr. Coffee”, quien la dirigió de 1937 a 1957, 20 años, y Arturo Gómez Jaramillo, “zar del café”, quien la dirigió durante 24 años, de 1958 a 1982. Las cifras nos llevan a decir que la Federación durante 44 años, prácticamente la mitad de su tiempo, estuvo en manos de genuinos cerebros de obra.

La historia que escribieron ambos gerentes, que es cautivadora, para fortuna y grandeza del país, va siendo emulada por su actual gerente, Roberto Vélez Vallejo. Sabe que el éxito y la bienandanza de su economía dimanan prosperidad y paz para más de 500.000 cultivadores en 19 departamentos. La sentencia entregada en su posesión es muy esperanzadora para el país del mejor café del mundo:

“No se nos olvide nunca: si tenemos en la cabeza al cafetero como el centro de nuestro accionar, estaremos en lo correcto. El día en que esa imagen no nos llegue correctamente, tendremos el rumbo equivocado”.

Sea preciso el momento para decir que los cultivadores esperan adecuada rentabilidad. Los efectos directos e indirectos que trae su producción, transformación y exportación son de alta dimensión social. La balanza cambiaria necesita de su aporte, así como el Fondo Nacional del Café.

Rogelio Vallejo Obando. Bogotá.

Envíe sus cartas a lector@elespectador.com.

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