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Dos cartas de los lectores

31 de mayo de 2018 - 09:30 p. m.

Sobre el “fraude” electoral

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En relación con su editorial del día 31 de mayo, me permito aclarar que, el formulario E-14, denominado Acta de Escrutinio de los jurados, es un documento con tres cuerpos o partes. Debe ser diligenciado por un solo jurado, registrando objetivamente durante tres ocasiones la misma cantidad para cada uno de los candidatos y su soporte son los datos que dicta otro jurado después de contar el número total de votos de cada candidato, de forma física y real. Estos datos son de público conocimiento ya que se dicen en voz alta y de ellos se enteran los jurados, los testigos electorales y las personas que estén en ese momento al lado de la mesa.

Ese embeleco y otros distractores sobre la validez del formulario E-14 se origina en la no observancia del espíritu de la ley y en la inaplicabilidad (no sé con qué fines) del último inciso del Artículo 41 de la ley 1457 de 2011. Si a los testigos electorales se les permite tomar una foto, una vez firmado por los jurados, de ese E-14 con sus tres cuerpos juntos (o sea, antes de separar el que va para el delegado, el que va para los claveros y el que va para transmisión), queda así documentada, por parte de un funcionario público (que los son temporalmente los testigos electorales) la evidencia física del conteo y así nos evitaríamos esas suspicacias.

El otro consejo para el registrador nacional es que la instrucción de los jurados de votación sea efectuada por personal competente y no por momentáneos formadores que supuestamente son adiestrados, como “formador de formadores”, pero que realmente no tienen conocimiento ni criterio jurídico, y por ello incurren en algunas “excentricidades” que llevan a que muchos dudemos de la solidez y seriedad del proceso electoral colombiano.

Durante los escrutinios, además de leer en voz alta el contenido de dichas actas, deben permitir, en todos los casos, que quienes estamos autorizados para presenciarlos veamos en las pantallas el contenido de ese E-14. Ocultarlos también genera suspicacias.

Mario Froilán Reyes Becerra.

Corrección política

De nuevo en Estados Unidos surge el debate sobre la correción política como supuesta censura de los pobres oprimidos que ya no pueden decir lo que piensan. Confunden libertad de expresión con ausencia de consecuencias.

Usted puede secir lo que se le antoje; eso nadie se lo discute. Pero si va a hacer chistes racistas que demuestran, además de pereza intelectual, una injustificada crueldad, pues va a ser criticado con vehemncia. Los discursos no ocurren en el vacío.

Helena Rincón.

Envíe sus cartas a lector@elespectador.com.

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