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Dos cartas de los lectores

03 de diciembre de 2018 - 12:00 a. m.

La paja en el ojo ajeno

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Lo que hay en el fondo del asunto es una realidad que todos conocemos y que queremos ignorar: la mismísima financiación de las campañas electorales. Es un hecho protuberante que todas las campañas electorales de municipios con poblaciones significativas a grandes, departamentos y Congreso, en menor o mayor medida se financian con aportes de contratistas o personas que invierten con el fin de obtener contratos o ventajas del Estado.

No es posible hacer una campaña dentro de los topes de financiación y mucho menos encontrar financiación filantrópica, salvo contadas excepciones.

De igual manera, los gastos reales de la campaña, solo excepcionalmente, se registran. La inmensa mayoría de aportes no pueden ser declarados porque en Colombia somos evasores de oficio o estamos en actividades ilícitas.

Es de doble moral montar un escándalo a partir de un hecho generalizado y recurrente que no hemos querido subsanar, entre otras razones, porque la financiación estatal y la igualdad de condiciones en la competencia electoral es una amenaza para los grupos de poder que siempre han tenido el Estado a su servicio.

En Colombia la democracia es un remedo por cuenta del sistema electoral, su financiamiento y la abismal diferencia entre los candidatos del establecimiento y los de fuerzas alternativas.

Petro no hizo nada distinto de lo que hacen todos, salvo remotas excepciones: recibir apoyo económico para su campaña. Pero quieren usarlo para quitarlo del camino. Los videos son de la época de las chuzadas. Deben explicar quién los tenía y por qué hasta ahora los filtran.

Álvaro Hernán Puentes Suárez.

Machismo

Lucía Pérez es el nombre de la más reciente víctima de la violencia estatal en Argentina. Después de haber sido violada y asesinada, a los jueces de la República les pareció que ella, básicamente, se lo había buscado. En una decisión que pasará a la historia, dicen que “Lucía tenía una personalidad que distaba mucho de ser sumisa” y tenía “relaciones sexuales con quien y cuando quería”. Por eso, no podía, cuenta El País sobre la sentencia, “ser fácilmente sometida a mantener relaciones sexuales sin su consentimiento”. Los jueces también contaron que a ella le gustaba el sexo violento.

Lo más triste de todo es que, mientras escribo esto, sé que habrá lectores que dirán, convencidos, que por supuesto que esos detalles importan, que somos unas exageradas, que aquí no hay discriminación ni machismo, solo histeria. Y así va el mundo.

María Isabel Niño.

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