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Dos cartas de los lectores

12 de diciembre de 2018 - 12:00 a. m.

¿Diagnóstico prenatal para qué?

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En relación con el artículo de El Espectador sobre la falta de diagnóstico prenatal de malformaciones en Colombia, titulado “Radiografía de un déficit de prevención en la salud”, creo que el planteamiento carece de un análisis más profundo. Si a la señora Sandra López efectivamente le hubiesen ofrecido un tamizaje y diagnóstico prenatal que hubiera confirmado que su hijo era portador de síndrome de Down, ¿a qué se le hubiera llamado “prevención”?

¿Ofrecerle la opción de recurrir a la interrupción voluntaria del embarazo (a pesar de que esa condición no está incluida en los causales de aborto en Colombia) como se está haciendo en la práctica, evitando que naciera su hijo?

¿O, en aras de cumplir con los tratados de derechos humanos que reconocen que la discapacidad no es causal de exterminio, garantizarle a esa madre y ese futuro bebé el acompañamiento, la atención, el cuidado integral en salud, educación, trabajo, participación social que por ley colombiana les corresponde?

A esto le falta aún un gran debate ético sobre la vulneración real de los derechos de las personas con discapacidad.

Mientras tanto, firmamos y ratificamos leyes y decretos para quedar bien frente a los entes internacionales mientras que en la práctica vamos bien “para atrás”, como el cangrejo.

Dra. Inés Elvira Restrepo, Pediatra.

Ganó el fútbol

Por fin jugaron su final Boca y River.

El gran triunfador, sin duda alguna, fue el fútbol. Se trató de un partidazo, demostrando el talento latinoamericano y, en particular, el colombiano. No puedo ocultar que se me hinchó el pecho de orgullo al ver que nuestros connacionales son protagonistas, que tenemos futuro, que los procesos de disciplina han dado sus frutos. Pese a los escándalos; pese a la corrupción; pese a la falta de visión, Colombia tiene futuro.

Juan Fernando Quintero, con ese golazo, se sacó el clavo de una hinchada desagradecida, prejuiciosa, que rara vez ha creído en él. Bien por su triunfo. Ojalá los rumores de que volverá a Europa sean ciertos.

Queda, no obstante, un sabor amargo, casi ácido: ¿tocó que el Santiago Bernabéu nos abriera las puertas para que nos comportáramos? ¿Sólo podíamos tener una final de nivel con la supervisión del papá España? ¿Qué dice eso de nuestra cultura? ¿Qué dice eso de nuestra violencia? Triste, muy triste.

Valentina Ramírez Atehortúa, Medellín.

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