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Dos cartas de los lectores

26 de diciembre de 2018 - 01:30 a. m.

Álvaro Mejía Montes (1942-2018)

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Cuando pudo, compró un lote en las montañas.

Así puso todo su esfuerzo, todo el sacrificio de cientos de días y noches de trabajo agotador, al servicio de todos.

A algunos, ese esfuerzo les permitió revivir sus tradiciones y sus recuerdos. A todos nos ofreció la oportunidad de construirnos como familia alrededor de algo claro, sencillo, bien hecho.

Porque todo estuvo bien hecho: paso a paso, sin afanes, sin atajos.

Todo, además, lo compartió como el árbol que da fruto: naturalmente, sin cálculos; con las manos abiertas y limpias del que sabe trabajar.

Cuando pudo, compró un lote en las montañas, y sobre él construyó una sombra grande y poderosa que fue fuente de cobijo y protección. Una sombra dulce y paciente que nos ayudó a todos a crecer, a aprender del mundo y de la vida, a entendernos juntos, a ser felices, a soportar la adversidad.

Es bajo esa sombra que hemos vivido todos, todos estos años; ha sido ella la que nos ha permitido echar raíces y florecer como sin duda hemos florecido.

Hoy, ya crecidos, ha llegado nuestro turno de ser sombra para otros; de ofrecer los frutos de nuestros propios esfuerzos para que otros tengan la oportunidad de echar sus propias raíces y florecer.

Y si algún éxito tenemos haciéndolo, será porque hemos tenido como ejemplo a aquel que, cuando pudo, compró un lote en las montañas; para poner todo su esfuerzo –su vida entera– al servicio de todos. Paso a paso, sin afanes, sin atajos.

Jorge Mejía

El cinismo de Maduro

Próximos a presenciar la toma de posesión por seis años más del nefasto dictador Maduro en Venezuela, estaremos atentos al discurso guerrerista que pronunciará a falta de mostrar resultados positivos en las principales variables socioeconómicas que rigen el bienestar de la población.

Basta con repasar sus intervenciones y en ninguna de ellas lo vemos inaugurando una universidad, un hospital o granjas agropecuarias creadas para mitigar la crisis que vive el vecino país. Lleva tiempos sin mostrar cifras que avalen la reducción en la inseguridad, nulos indicadores de crecimiento en materia de vivienda, salud, educación y servicios públicos y silencio de políticas económicas que busquen reducir la inflación para que el poder de compra de cada ciudadano venezolano mejore.

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Ante el funesto panorama latente, cínicamente, se enorgullece de continuar como presidente cuando sabe a ciencia cierta que es el monigote de la Fuerza Pública que lo mantiene en el poder para que el saqueo continúe en nombre de un socialismo a todas vistas fracasado.

Francisco Javier Cajiao G.

Envíe sus cartas a lector@elespectador.com.

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