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Dos cartas de los lectores

02 de octubre de 2019 - 12:00 a. m.

Amenazas y abogánsters

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Aunque los abogados tenemos una pésima reputación, la ética de nuestra profesión es un campo bien definido. Somos los llamados a ser los traductores entre el ciudadano de a pie y el aparato burocrático, con el objetivo noble (y a veces imposible) de que se aplique la justicia. Por eso, no deja de escandalizarme la grabación del colega Diego Cadena en la que acepta hacerle “fiesta” a un periodista. Ya en el pasado se había identificado a sí mismo como “abogánster”. Se trata de un profesional altamente influenciado por las series de televisión y películas de Hollywood, convencido de que los abogados no somos éticos. Pero se equivoca.

David Muñoz.

Es lamentable el aumento del “rebusque”

En Colombia, en materia de empleo, lo que sí está aumentando son las labores de los informales, o sea el “rebusque”.

Según los últimos datos del DANE, la proporción de ocupados informales en el país fue del 47,6 %; es decir, casi la mitad de las personas en condiciones de trabajar se encuentran ocupadas pero en labores de rebusque. En el marco de esta situación está a la vista que hay bajos índices en el empleo decente en los últimos tiempos; indiscutiblemente lo que ha aumentado es la ocupación informal o lo que el DANE llama trabajo de menor calidad o subempleo; en la práctica macroeconómica de cualquier nación, esto no es empleo formal, serio, digno, ni bien remunerado, y en muchos casos las personas no laboran en las carreras para las que han estudiado en los niveles profesional o técnico.

En las principales ciudades colombianas, y sobre todo en Bogotá, todos vemos a diario que las calles están cada día más invadidas de vendedores de minutos de celular, vendedores ambulantes o estacionarios, vendedores y vendedoras de los productos de catálogo, loteros, taxistas, lustrabotas, mototaxistas, bicitaxistas y recicladores; además, en los terminales aéreos y de transporte terrestre existe un buen número de maleteros y revoladores; en los semáforos y vías se instalan vendedores y limosneros.

A esta situación hay que agregar el hecho concreto de que al “rebusque” en los últimos tiempos han ingresado miles de ciudadanos venezolanos; estas personas han tenido que emigrar de Venezuela a Colombia y según datos oficiales ya son más de un 1’600.000.

Este panorama laboral, en nuestro medio colombiano, obedece a que para muchas personas el trabajo informal es producto de la necesidad y algo de ingenio, pues en sus hogares podrá faltar un empleo decente, digno y bien remunerado, pero nunca el pan de cada día.

Jorge Giraldo Acevedo.

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