El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Dos cartas de los lectores

07 de octubre de 2019 - 12:00 a. m.

El frustrante caso Merlano

PUBLICIDAD

El caso de Aída Merlano es reflejo del estado de postración en que se encuentra el país. En qué país serio se le permite, a una condenada por delitos graves, permiso para una supuesta consulta odontológica de estética, no obstante tener ese mismo día cita con la Fiscalía para una diligencia donde seguramente iba a poner en tela de juicio la conducta de cierta élite política y económica hasta ahora intocable y que ha manejado el poder local y regional, además de la contratación pública en las últimas décadas.

En efecto, esa élite que posa en los medios de “gente de bien”, estuvo aliada y patrocinó la campaña de Merlano a Senado de la República, tal como lo demuestran las pruebas en la sentencia de la condenada por la Corte Suprema de Justicia. Siendo que para la fuga de Merlano seguramente corrió mucho dinero en lo logístico y lo financiero, fuga que estuvo planificada paso a paso hasta ahora lograr su cometido. Tanto así que la guardia que iba a trasladar a la condenada a la tal cita médica fue disminuida y no se cumplió con los debidos protocolos, mostrando de paso la corruptela que existe al interior del INPEC y en donde diferentes gobiernos han sido incapaces de ponerle coto a dicha corruptela, y hasta se piensa la posibilidad de desmontarlo, sin que exista propuesta seria de reformarlo y hacerle una reingeniería.

El también supuesto “plan candado” para recapturarla, anunciado por el director saliente del INPEC, ha sido un total fracaso y luego de pasar más de 96 horas desde que sucedieron los hechos —lo que también es una estratagema puesto que el exdirector se encuentra comprometido en la fuga—. Y ni se diga de la recompensa subida de diez millones a 50a millones por dar información de la ubicación de la condenada, puesto que con ello, se reafirma la incapacidad de los órganos del Estado para planear y ejecutar labores de inteligencia, acudiendo de paso a la ciudadanía que no está para ejercer esas acciones y con ello pretender suplir al Estado en asuntos de su propio resorte. En definitiva, estamos en el peor de los mundos.

Edgardo Enrique Salebe Morr. Barranquilla.

Marchas y prudencia

Dice la vicepresidenta de la República, Marta Lucía Ramírez, que los encapuchados de las pasadas marchas estudiantiles son enfrentados de Venezuela porque esos, claramente, no son los estudiantes. Le veo la buena voluntad a la representante de los colombianos: quiere separar entre los criminales y los muchachos.

Dicho eso, la solución no es proponer regular la protesta, sino protegerla y empoderarla.

María Rodríguez.

Envíe sus cartas a lector@elespectador.com

Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias