Clamor de un buen sector del país
Toda esa desinformación que se ha generado alrededor del Covid-19 es idéntica a la que se da desde el Gobierno Nacional y siguiendo el “buen” ejemplo, a veces desde gobernaciones y alcaldías, partidos políticos y gremios, Ejército y Policía. Todos se sienten con el mismo derecho de mentir, falsear y tergiversar. En una palabra, siempre en un eterno bla, bla, bla engañoso.
La columna de Patricia Lara Salive publicada en El Espectador (28-02-20) ilustra muy bien el papel que en la actualidad desempeña el gobierno Duque en todo el país. En el Chocó, como lo ilustra la distinguida periodista, se siente mucho más porque allá, igual que en Tumaco y el Catatumbo, se han entretejido todas las miserias humanas derivadas del dominio indiscutible del narcotráfico, el paramilitarismo, las disidencias y la delincuencia común bajo el mando absoluto del prostituido Eln.
Lo que más duele es saber que después de la firma de los Acuerdos de La Habana, proceso que ha costado muchísima sangre, mares de lágrimas y muchos sudores por dinamizar este largo proceso y llevarlo a la práctica con el propósito de que la verdadera paz empiece a florecer, la obligatoriedad radicaba en cumplir todo el proceso de implementación. Sin embargo, lo único que ha logrado el gobierno Duque es dinamitarlo en cuotas a través de su desidia, indiferencia y cinismo, porque en el discurso se desgañitan hablando de paz. Qué vergüenza.
Esa violencia, que en algún momento empezamos a mirar con esperanza su disminución paulatina, la vemos reciclada y radicalizada. ¿Será que a nuestra generación también le tocará, como a la de nuestros padres y abuelos, morir sin ver un período de paz duradero? Muchos queremos ver otra ráfaga de esperanza con la reanudación de los diálogos con la base y la cúpula del Eln. Sí, con esos igualmente cínicos y miserables. Con ellos hay que sentarse a conversar y hacerlo en serio; porque son ellos lo que hacen la guerra, no son los buenos. Por eso el expresidente Santos pasará a la historia como alguien que se la jugó, con todo y sus cientos de errores.
Ana María Córdoba Barahona. Pasto.
Censura y más censura
¿Cómo es posible que un juez de la República ordene tumbar un mural cuestionando las ejecuciones extrajudiciales? ¿Ahora los jueces van a vigilar cualquier tipo de crítica, así no tenga calumnias de manera directa? Hay tendencias preocupantes en la justicia colombiana.
Ramiro Suárez.
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