Sobre la generosidad en momentos de crisis
Nuestra eterna suspicacia, que busca intenciones oscuras hasta en los actos más generosos, y nuestra obsesiva costumbre de dudar de los actos desprendidos de las personas nos llevan a juicios muy extraños.
Hay miles de personas que no muestran ningún acto de solidaridad y nadie se los puede demandar. El que una persona quiera ayudar a alguien debe ser aplaudido, pero jamás convertido en una obligación. Pero lo más curioso que se presenta en nuestro país es que los que muestran conductas generosas son los más cuestionados.
James Rodríguez dio alimentos y medicinas para los ciudadanos de Ibagué y fue víctima de miles de acusaciones sobre intenciones oscuras, y hasta calificado de desagradecido, apátrida y muchas cosas más por los cucuteños. Shakira ha hecho muchas escuelas en Barranquilla, el Chocó y Bogotá durante años y ahora la califican de muchas cosas por no haber dado plata para la crisis y le reclaman que no les haya devuelto a sus fans lo que ellos han pagado por oírla en un concierto. El placer de oírla se volvió un favor hecho a ella. Igualmente, las donaciones de los empresarios despiertan las más bizarras teorías conspiratorias.
Eso me recuerda la experiencia de un pariente que guardaba su desayuno y la plata que le daban para comer en el colegio para dárselos a un indigente, que lo esperaba cada mañana en la puerta de su casa. Un día, después de durar semanas ayudando a esta persona, no pudo darle su “cuota”, lo que ocasionó la furia más salvaje de este destechado. Este señor le dio una golpiza horrible al pariente, le echó miles de acusaciones de todo tipo y le atribuyó las más oscuras intenciones. El favor se convirtió en una obligación.
Con esta manera de ver oscuridad en la generosidad, se entiende por qué abundan en nuestro país la envidia, la difamación y el odio al exitoso. Razón tenían las abuelas cuando decían que uno acaba debiendo los favores.
Jaime Yáñez-Canal
Sobre una columna
Deseo hacer un comentario de la columna titulada “De Claudia a Iván” (página 15 de El Espectador, 26/03/2020).
Basta de tanta adulación, halagos, alardes, vanaglorias, reverencias y tratar de superhéroes a los gobernantes. Es el cumplimiento del deber por el bien común y la confianza para lo cual los ciudadanos les dimos su mandato, deben hacer lo que se debe hacer, es decir, lo correcto.
La responsabilidad de los ciudadanos es la de ser veedores del cumplimiento del orden constitucional.
Lucy Hernández
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