Más de lo mismo
Otra vez un nuevo escándalo del Ejército por realizar actividades ilegales contra personas que ellos consideran que no son afectas al régimen. Y, otra vez, todas esas actividades fueron realizadas a las espaldas de las jerarquías que deberían controlarlos. La reiteración de los hechos irregulares y las torpes explicaciones de los voceros gubernamentales ofenden la inteligencia de los colombianos. Uno no sabe si es más grave que las actividades irregulares del Ejército hayan podido ser ordenadas por sus jefes legítimos, o que estos jefes no se enteren de lo que hacen sus subordinados. En última instancia, ¿a quién beneficia la situación? ¿Quién o quiénes son los receptores de la información obtenida ilegalmente? ¿Quién dio las órdenes para que se hicieran esas labores de “inteligencia” en contra de supuestos contradictores? Por el contexto de los últimos 30 años, lo más probable es que nunca se llegue a conocer el nombre del recipiente de información tan sensible. Probablemente, preguntas tan elementales y respuestas tan fáciles de obtener se irán diluyendo en un mar de leguleyadas, de declaraciones insulsas y torpes o en el vórtice de los acontecimientos diarios, de tal manera que los mismos que detentan el poder continúen haciéndolo impunemente y, lo peor, con el beneplácito de sus electores.
Diego Hoyos Duque. Medellín.
Disciplina social
A raíz del COVID-19, algunos mandatarios hacen alusión a la disciplina social que deben tener los ciudadanos, así como también ciertos medios de comunicación enfatizan en términos como autocuidado y autorregulación. Sin embargo, esto no deja de ser un simple llamado para cumplir con el confinamiento, puesto que dichas propuestas no se cristalizan automáticamente o por el querer de quienes las pregonan. Preguntamos: ¿existen acaso estrategias o políticas públicas encaminadas a formar ciudadanos conscientes y participativos ante los problemas que los circundan y afecten en su salud? En un medio como el nuestro, donde la desesperanza, la incertidumbre, el deterioro de la vida material y espiritual rondan en muchos sectores, ¿acaso se fomenta y desarrolla la responsabilidad social? ¿Qué ha hecho el Estado para que esa situación mejore en términos de calidad de vida y de bienestar social, y por ende haya dado frutos en aras del interés general y de una convivencia sana?
Se hace exigente, de un lado, la construcción de formación ciudadana, capaz de participar activamente para transformar realidades de una manera consciente, solidaria y crítica, tanto en lo individual como en lo colectivo y con responsabilidad a través de una relación dialógica y de respeto por los otros y por lo público, a fin de superar situaciones adversas. Y de otro lado, un Estado que propenda por la inversión social a través de políticas públicas, tanto en lo urbano como en lo rural, libre de artimañas y conductas ligadas al Código Penal, y sin caer en populismos.
Edgardo Enrique Salebe Morr. Barranquilla.
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