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Dos cartas de los lectores

02 de junio de 2021 - 10:00 p. m.

Saber escuchar

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El escuchar cobra relevancia en la medida en que implica dirigir la atención hacia lo expresado por los otros, a fin de extraer de lo oído lo esencial y no apresurarse a esbozar juicios de valor sin haber penetrado en el sentido del interlocutor. Por lo que se hace necesario reflexionar sobre lo siguiente: ¿somos tolerantes para la escucha?, ¿hemos desarrollado dicha habilidad?, ¿nos interesa escuchar a los otros, pese a existir diferencias de criterios?, ¿qué hemos hecho para lograrlo? En consecuencia, escuchar requiere preparación: prestar atención, interpretar, evaluar y dar soluciones concretas ajenas a la retórica, así como reconocimiento del interlocutor y construir salidas eficaces en común acuerdo.

Además, se deben tener en cuenta unos principios para un adecuado desarrollo de la escucha. Así, el silencio del que oye, el respeto a la palabra ajena, la necesidad de atender y pensar en lo que las otras personas dicen y esperar a que termine el interlocutor. Escuchar implica tener entereza y madurez. Si no se está habituado para esto, eso genera incertidumbres, inconformidades, no respeto por el otro u otros y con ello se adopta una posición cerrada o autoritaria y, lo peor, se menosprecia a los interlocutores, como si se tratara de enemigos, demostrando de paso un carácter arrogante y, por tanto, carente de sentido humanista.

Quien escucha participa y debe mantener la mente abierta, sin perjuicios, posiciones ni fórmulas establecidas. La diferencia de opiniones no significa que haya crítica o ataque, sino que contribuye, a pesar de esas diferencias, a buscar consensos para dar salida garantizada a determinadas problemáticas que afectan a diversidad de sectores que demandan una mejor sociedad.

En suma, dependiendo de ciertas circunstancias, que se ejercite la escucha reflejará si se está en presencia de espacios de carácter democrático o, en su defecto, de talanquera a dichos espacios y cierre al diálogo propositivo.

Edgardo Enrique Salebe Morr. Barranquilla.

Sobre lectores y columnistas

Leyendo recientes cartas de lectores, señalando las posiciones de algunos columnistas como incitadores de odio, quisiera recalcar un poco que estos reflejan lo que somos como sociedad. Posiciones marcadas —mejor digamos ideologías— totalmente válidas, pero que a veces rozan con la terquedad una vez los hechos hablan. Muy pocos he visto —quizá ninguno— aceptando alguna equivocación de fondo o reconociéndoles algo a aquellos que sistemáticamente aparecen en sus columnas. Tenemos entonces un problema de fondo como sociedad —pues se supone que los que mantienen un espacio semanal en este diario marcan líneas de discusión—, en la cual la conversación se da a veces desde la comodidad, la arrogancia, la animadversión y hasta la burla. Muy pocas veces, considerando al que piensa diferente, tal cual el actual Gobierno. Esto incluye también a varios lectores.

Edgardo Marbello-Santrich. También suscriptor y lector asiduo.

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