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Dos cartas sobre economía verde y sensacionalismo en los medios

09 de septiembre de 2021 - 10:00 p. m.

Medios de amarillo

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Está más que vivo en los medios en general el sensacionalismo, tan cercano al amarillismo. Un botón de ello, la reiterada difusión, arrancando desde editorialistas y columnistas para abajo, del melodrama de la señora Daneidy Barrera Rojas, conocida como Epa Colombia, cuyas actuaciones vergonzantes y retadoras, en muchos casos transgresoras de la ley y la moral, han tenido un desmedido eco. Como dicen los muchachos de hoy, cogió de “parche” a la prensa, radio y televisión, sus extravagancias son visibilizadas y rotuladas llegando hasta el morbo.

“El sensacionalismo llega hasta donde comienza el periodismo inteligente”.

Nada edificante para construir una nueva Colombia que se pongan en boga las actuaciones de la señora Barrera Rojas. ¿Qué podemos validar socialmente en materia de ética, de moral, de respeto, de convivencia, sobre la conducta de la reconocida influencer para merecer tanta vitrina? Muy poco o, mejor, casi nada.

Sensacionalismo o amarillismo, sea lo que sea, nada está bien.

Hernán Salazar Hurtado. Armenia.

¡Economía verde ya!

En El Espectador del 5 de septiembre, respecto de la transformación económica impuesta por el cambio climático, en la página 39 el veterano economista y columnista Armando Montenegro pregunta: “¿Qué vamos a producir?”, en tanto en la página 40, el nobel de Economía 2001, Joseph E. Stiglitz, sentencia: “Poner las finanzas del lado del clima”.

El primer mensaje, si bien reconoce la urgencia de la situación, plantea una enrevesada, lenta y mesurada transición, en oposición a la “desatinada propuesta de desmontar aceleradamente la economía petrolera”, formulada por el senador Gustavo Petro, en tanto el laureado llama la atención acerca del nefasto financiamiento a la industria de combustibles fósiles que “alimenta activamente la crisis climática”.

Son, indudablemente, dos visiones-versiones sobre un mismo asunto, pero llama la atención de la parroquial de nuestro opinador su limitación sesgada por los intereses siempre por él defendidos y usufructuados, mucho más en estos momentos preelectorales en los que salen a relucir las doctas lecciones de quienes han administrado al país de manera tan acertada, como palmariamente se manifiesta en el diario vivir del pueblo colombiano.

Voy a abonarle a Montenegro que su moderación analítica surge no de una seria ponderación académica sino del hecho geográfico de vivir en Bogotá, a 2.600 m s.n.m., y no en Nueva York, a ras de aguas marítimas, por lo que en este paraíso no soporta esas tribulaciones climáticas que le impongan conocer la dura realidad contemporánea.

No de otro modo se entiende una interpretación tan simplista y pueril, salvo por la consabida, copiada, manoseada y, como tal, nada original detracción de cualquier intervención pública que hace el precandidato Petro.

Michel Delgado Corredor.

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