Sobre un editorial
Si bien Petro no debería apresurarse, es evidente la participación del narcotráfico en la elección presidencial y de eso deberían tratarse sus editoriales, en lugar de lo que dice Petro. ¿Cómo hablar de legitimidad de diez millones de votos cuando existe una clara participación del narcotráfico en la elección? Creo que El Espectador debería estar hablando constantemente de eso, de que la Fiscalía no ha dado resultados, del silencio que guardó por meses cuando estos audios se conocían desde agosto del año pasado. ¿Eso no produce daños a la democracia? ¿No genera odios? ¿Cómo se les ocurre hablar de paz en un país con un fraude electoral?
Realmente, considero muy desatinada su opinión al reducir un fraude a un problema de ellos contra nosotros, eso es ridículo. Ustedes son quienes están hablando de odios cuando lo que se necesita es exigir claridad y celeridad en las investigaciones, cuando lo que necesitamos es un periodismo capaz de hacer reclamos frente a una evidencia contundente. Ese discurso claramente no le apunta al problema, sino al odio contra Petro: ¿por qué hacer un reclamo al candidato opositor cuando es el Gobierno el que se eligió con un claro fraude y sigue ahí, sin que pase nada? La advertencia suya debería ser que el país sucumbió frente al narcotráfico, que nuestras instituciones solo les sirven a los criminales que quedan en la absoluta impunidad, y no frente al odio, una entelequia abstracta que no tiene relevancia en este momento. Resulta bastante contradictorio hablar de la voluntad del electorado frente a la evidencia de un fraude electoral, creo que se pasan de odio ustedes contra Petro.
Eugenio Llanos
Sobre el mismo editorial
A pesar de que la propuesta de Gustavo Petro suene descabellada, resulta bastante lógico pensar en ella; no solo porque estamos bajo un Gobierno ilegítimo, sino además porque en estos dos años de mal gobierno hemos visto cómo la pobreza, el desempleo, la falta de oportunidades, las malas condiciones educativas, la corrupción y la desigualdad han crecido. Sí, fueron más de diez millones de votos, pero no todos fueron legítimos y hablar de la poca credibilidad de las instituciones del Estado resulta algo obvio, con un fiscal de bolsillo, una Registraduría que cambió números tan descaradamente, una justicia solapada que busca el interés propio y el de los más poderosos, y una Rama Legislativa que nada hace por el pueblo más que sentarse a ver qué tanta plata va para sus bolsillos, entonces ¿cuál es el gobierno y las instituciones a las que hay que respetar?
Alejandro Benavides
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