Duelo
Reconfortante y extrañamente sorpresivo resultó para el cotidiano lector del diario encontrar, con gran expectativa, el editorial titulado “Duelo por Fernando Botero”; indiscutiblemente diferente a los duelos, todos pronunciados y escritos siempre con cuidadosa sensatez, por la realidad de nuestro pobre país ante el nefasto proceder de muchos grupos de colombianos sin patriotismo ni humanidad alguna.
Un duelo sentido y triste por la partida del maestro, que incitó a una silenciosa y recogida lectura, como el más pequeño homenaje del lector a la incalculable disciplina y el accionar de un colombiano sencillo durante sus 91 años de permanencia.
Sorpresivo el editorial en un día de descanso que, por lo general y por compromiso con el lector, nos ilustra con certera pluma sobre los aconteceres de nuestras olvidadas regiones, llevadas a esos extremos por la indignante e insensible actividad política, que durante décadas anteriores y días presentes los inhumanos funcionarios, candidatos, gobernantes y ahora en algunos casos homicidas han creado.
Un duelo, este, repleto de admiración y acompañamiento a los hijos, la familia y personas cercanas a su permanente acontecer, siempre con la visión extraordinaria de extender el conocimiento de las artes a todos los estatus y condiciones de sus paisanos, de sus colombianos y de extranjeros por el mundo.
Fabulosos y de aplaudir estos editoriales indiferentes a esa pusilánime actividad de la política, donde la disciplina, la responsabilidad, la entrega y el compromiso no existen. Donde hoy, más que nunca, prevalecen la falsedad, las promesas incumplidas y las lacónicas visitas a lugares olvidados a donde jamás volverán.
Aplaudo el editorial, perfectamente merecido para el hombre más prolífico, generoso, altruista y humano que ha elevado la imagen del colombiano común ante este universo.
Octavio Valcárcel Botero. Bogotá.
La baja ejecución del Gobierno
Tenemos que empezar por señalar que nuestra memoria colectiva, como sociedad, es muy limitada. Todos sabemos lo que sucedió en la administración Petro de la Alcaldía de Bogotá: pobre ejecución, por no decir nula, y liderazgo por ningún lado. Pero lo que más aterra es la falta de coherencia. El discurso populista y demagogo va por un camino completamente diferente a la realidad que vivimos los ciudadanos y lo peor de todo es que no se ve por ningún lado la intención de sentarse, concertar y rectificar el camino, mucho menos dejar de gobernar a través de Twitter/X.
Alberto Pinilla.
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