No más, por favor
El paro nacional cumplió sus propósitos. Se tumbó la reforma tributaria, se tumbó al ministro, se tumbó la reforma a la salud, se adelantó la matrícula cero, se crearon rentas básicas para los más necesitados en las principales ciudades. Hay que saber triunfar. También hay que saber cuándo es necesario dejar de insistir. Ahora los bloqueos y las marchas se sienten más como un capricho de unos cuantos. Y la afectación es para todos. Por ahí vi una cifra de $15 billones perdidos por los bloqueos. Colombia no aguanta tanto eso. Se criticó, de forma envalentonada, a quienes criticamos las palabras del tesorero de Fecode. Nos dijeron que somos idiotas, ingenuos; que por supuesto los paros tienen motivaciones políticas. Sí y no. Lo que se critica —al menos yo, porque es verdad que el presidente dijo otra cosa y a veces desvaría— es que intente utilizar los bloqueos nacionales para cuestionar un Gobierno legítimo. Una cosa es, digamos, una molestia por un motivo puntual; otra, creer que toda Colombia tiene que estar en las calles todo el tiempo porque quien ganó las elecciones no es la misma persona que nos gusta. Eso no tiene sentido. Eso es lo que se cuestiona. No todo el que salió marchar es, digamos, petrista. Por eso ubicar la marcha al servicio de los deseos de un sector ideológico particular es equivocado y dañino. También genera mucha frustración. El paro se desdibujó porque no supo reclamar sus triunfos, celebrarlos y luego irse a organizar para la contienda del 2022. Me atrevo a hacer una predicción: al Congreso arrasarán los de siempre. Porque esos, los clientelistas, los viejos zorros, son los únicos que saben hacer procesos de largo aliento. El cinismo les desarrolló paciencia. A los otros, los marchantes, el cinismo les da pasión, pero les falta mucha visión. En todo caso, mi mensaje es sencillo: no más, por favor, no más, ya es momento de levantar el paro, volver a casa y listo. Por el bien de todos. Y por el bien del paro mismo.
Felipe Gómez.
Reapertura bienvenida
Ya sé que estamos en la meseta y que más de 500 personas se están muriendo cada día y que es irresponsable relajarse o romper protocolos de bioseguridad en medio de tanto desastre. Pero quiero decir que ver de nuevo la ciudad abierta, la gente encontrándose, la esperanza creciendo un poco me ha dado un aire que no esperaba. Uno tiende a olvidar lo difícil que es el encierro y todos los efectos negativos que genera hasta que no ve la ciudad despertar de nuevo.
Mara Galvis.
Envíe sus cartas a lector@elespectador.com